Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Desacelerados, pero jamás para atrás

Los esfuerzos de los defensores del statu quo nos tienen desacelerados, pero no en retroceso…

— Estuardo Porras Zadik
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Con el recién electo Manuel Andrés López Obrador en México y la desenfrenada dictadura de Daniel Ortega en Nicaragua, todo apunta a que la ruta de la “estabilidad” regional es lo que persigue Estados Unidos para atender la coyuntura por la que atraviesa hoy en día nuestro país. Solo esperemos que dicha “estabilidad” no sirva de remedio a corto plazo para una enfermedad terminal, que nos acabará matando de una vez por todas más adelante. Un error de cálculo nos podría salir muy caro. La captura del Estado, fundamentada en la profunda corrupción en todas las esferas de nuestra sociedad, no se puede atender con un enfoque de “estabilidad” por mantener el orden regional. Las metástasis de este cáncer, nos pone en fase terminal, y de no proporcionar un protocolo radical de choque, se podría salir de control toda la región. Guatemala está, desde hace mucho tiempo, en condiciones de ser intervenida. Lamentablemente, la historia de intervenciones y la coyuntura regional, lo hace políticamente incorrecto. Entonces, parece ser que nos vamos por el camino de la paz.

Ahora bien, a mi criterio esto no quiere decir que no se hará nada. Muy por el contrario, la aparente “estabilidad” vendrá acompañada de una serie de medidas quirúrgicas que seguro serán más efectivas. El que los amigos del norte no sean partidarios de un golpe de Estado hoy en día, no significa que estén del lado del presidente Jimmy Morales y su impresentable gabinete. ¿Qué les queda si a ellos mismos les han tomado por sorpresa las decisiones y los relevos que se han realizado en los últimos meses? Es con este gobierno con el que les toca trabajar, ya que no deben intervenir en asuntos de Estado en nuestro país. Opino que tratarán de llevar a tuto al presidente, hasta que este lo permita o lleguemos al punto de no retorno. A como van las cosas, esto puede ser más temprano que tarde. Recordemos el cambio radical del exembajador Todd Robinson en el 2015, cuando cayó Otto Pérez Molina.

La comunidad internacional, al igual que la mayoría de guatemaltecos, tiene claro el quién, el cómo y el cuándo de nuestra lamentable y perpetua situación. Hay responsables históricos –y de relevo reciente­–, de llevarnos a donde hoy nos encontramos, y tanto localmente como en el exterior se les cobrará la factura. Para los Estados Unidos, el Triángulo Norte es un tema de seguridad nacional y su impronta en la misma continuará sin cesar. Lo único que podría cambiar son las estrategias para tratar con tan incómodos vecinos. Y es muy importante que tengamos en cuenta que para ellos, está muy claro que es la impune y generalizada corrupción de nuestros Estados la causa de dicha inseguridad. La presión apenas empieza, aunque en apariencia se vean tímidos y cautelosos.

Está claro que somos incapaces de cambiar de rumbo sin la ayuda extranjera y esto, aunque nos duela, es la indiscutible realidad. ¡Qué oportuno que seamos un problema de seguridad para el norte!, de lo contrario estaríamos hundidos. Esto no quiere decir que no poseamos las capacidades para reconstruir nuestro país, sino que necesitamos de medidas drásticas y de índole geopolítico para lograrlo. Los esfuerzos de los defensores del statu quo nos tienen desacelerados, pero no en retroceso ya que la mayoría de guatemaltecos –con la ayuda de aquellos para quienes hoy somos incómodos–, están afinando la puntería.

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