Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Vida de calle

Necesitamos construir una ciudad de verdad: una que maraville a sus habitantes y, de vez en cuando, provoque la imaginación de algún niño. .

— Luis Fernando Cáceres
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Hace unos días noté que en uno de los centros comerciales de la ciudad se formaba una gran cola de automóviles para entrar al parqueo subterráneo. Me alegro —honestamente— por ellos porque generar la cantidad de tráfico que pasa por sus corredores no es cosa fácil, sin embargo, me pareció burlesco y, por un momento, quizá hasta triste. Digo porque en general pasar tiempo en un centro comercial no es una actividad muy enriquecedora. Lo sería mucho más, por ejemplo, poder caminar por las calles y avenidas de una ciudad y parar por sus tiendas a comprar una que otra cosa, hacer pausas en sus cafés, notar alguna galería nueva y terminar la noche comiendo en algún restaurante. No veo como encerrarse en ningún lugar pueda ser algo enriquecedor. Queda claro que el hecho de que acá eso sea una actividad cotidiana es la culpa de comercios poco imaginativos, de un ciudadano que no demanda mucho, de un entorno inseguro y, sobre todo, de una inadecuada formulación, por parte de las autoridades, de lo que esta ciudad pudiera ser.

Las ciudades que tendemos a admirar y que podemos considerar como exitosas suelen tener una composición muy diferente a la ciudad de Guatemala. Si consideramos que una ciudad es exitosa por la cantidad de turistas que la visitan y por un flujo migratorio significativamente positivo, es decir que un número muy superior de personas se muda a vivir a ella comparado con la cantidad de personas que la abandonan, posiblemente París y Nueva York sean listadas en las primeras casillas de cualquier conteo. Y lo que notaremos al ver ambas ciudades son cinco elementos básicos: una gran cantidad de parques y áreas públicas; transporte público adecuado; seguridad; oferta densa de vivienda y contacto con sus habitantes.

El aspecto de parques y áreas públicas es uno muy importante porque permite desarrollar mucha de la convivencia civil que enriquece la vida en una ciudad. Para seguir con el ejemplo de las ciudades de arriba notemos que París cuenta con 421 parques y jardines públicos ­–lo cual me parece un número inmenso– y Nueva York lo consigue sobrepasar con la increíble cantidad de 1,700 parques y espacios públicos registrados. Esto claramente representa una diferencia abismal con la oferta de esta ciudad y, esa gran diferencia, explica mucho (no todo, pero ciertamente mucho) de la divergencia en el nivel de vida que experimentamos los ciudadanos de esta ciudad comparados con el de aquellas dos.

Continuará.

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