Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Opinión

En medio de un proceso extractivo de votos

No sorprende, entonces, que en su gobierno se realizaran las últimas ofensivas militares.

— María Aguilar
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Es difícil encontrar una salida a la crisis política e institucional en la que se encuentra Guatemala enfocándose exclusivamente en el sistema electoral de las próximas elecciones generales, especialmente porque solo se apuesta a procesos de manera superficial y no estructural.

Guatemala no aprende que la transición política partidista de 1985 se hizo bajo un modelo, similar al de la independencia en 1821, que fue solo un cambio de elites. Por eso, quienes entregaron el poder en el 85 y “propiciaron las condiciones” para que se realizaran elecciones y se eligiera a un civil luego de décadas de gobiernos y burocracias militares asesinas fueron los mismos militares. El resultado fue el gobierno de Vinicio Cerezo, quien “gobernó” dentro de una lógica militar y que al prestarse a la farsa de la transición democrática permitió que los militares y sus servicios de inteligencia mantuvieran el poder y continuaran operando a base de represión.

No sorprende, entonces, que en su gobierno se realizaran las últimas ofensivas militares para acabar con lo que quedaba de sectores organizados dentro del sindicalismo, la universidad, el movimiento popular y la academia. Por esos crímenes el ex-Presidente aún debería responder, sin embargo, ante la corta memoria histórica, ahora se dedica a alentar procesos de integración centroamericana. Menciono esta etapa, no porque Cerezo diera las órdenes de asesinar, secuestrar o desaparecer sino porque es necesario admitir que con su presencia de civil, él legitimó un proceso “democrático” basado en la política partidista falsa y homicida, y es precisamente eso, lo que se debe evitar en Guatemala a futuro.

Hoy el reto es ¿cómo pensar y participar dentro de un proceso político que, al igual que el país, fue fundado sin cambiar las estructuras de poder? El escenario a futuro es desalentador, principalmente porque dada la manera en la que se vendió la era democrática, se opera bajo la ilusión de que participando políticamente se cambiará Guatemala. Esta propuesta no toma en cuenta las múltiples estructuras de poder que operan fuera de lo político partidista. Además, esta línea se rehúsa a contemplar posturas críticas y radicales que planteen el acabar con esas estructuras antes de participar y retomar el camino electoral.

Por eso, hoy, no se construyen partidos políticos sino que se fomenta legalmente un corrupto proceso extractivo de votos. Muchos de los que por décadas han aspirado o aspiran a puestos políticos, utilizan a los partidos, de izquierda y derecha, como plataforma para llegar al poder sin hacer el trabajo que requiere construir un movimiento político de base, que empieza por construir vínculos que vayan más allá de lo político electoral.

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