Viernes 20 DE Julio DE 2018
Opinión

Terror y caos en Nicaragua

— editorial
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Ayer, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) confirmó que 264 personas han muerto de manera violenta en Nicaragua (crímenes atribuidos a la represión brutal del régimen de la pareja Daniel Ortega y Rosario Murillo, de corte populista totalitario) en el período comprendido entre el 18 de abril y el 11 de julio de este año, a raíz de la crisis sociopolítica que vive dicho país centroamericano.

 “Desde el comienzo de las protestas hasta la fecha de hoy, 264 personas han perdido su vida y más de 1,800 han resultado heridas”, señaló el Secretario Ejecutivo de la CIDH, Paulo Abrao, durante su exposición ante el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), con sede en Washington, EE. UU.

El lunes pasado, paramilitares y parapolicías del régimen Ortega-Murillo irrumpieron en la Basílica de San Sebastián de la Ciudad de Diriamba, que se localiza al suroeste de Nicaragua, agredieron a jerarcas católicos. Los “orteguistas” entraron violentamente en la Basílica, cuando obispos y sacerdotes llegaban a facilitar la salida de una decena de personas que se habían refugiado en el referido templo católico el domingo pasado como consecuencia de un enfrentamiento entre fuerzas del gobierno y manifestantes que habían colocado barricadas en las calles.

Los gobiernistas, algunos encapuchados, vestidos de civil o de policías, y armados (con pistola y lanzamorteros), acusaron e injuriaron de “asesinos”, “mentirosos”, “hijos de puta”, a la comitiva de religiosos, encabezada por el Cardenal Leopoldo Brenes y el Nuncio Apostólico Stanislaw Waldemar Sommertag. Los atacantes forcejearon con los sacerdotes y algunos de los refugiados, lo que agudizó el caos. Varios periodistas también fueron agredidos por los gobiernistas y a algunos les robaron su equipo.

El obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, denunció que fue herido en el brazo y golpeado en el estómago. “Hemos sentido esa acción dura, fuerte, brutal contra nuestros sacerdotes (…) verdaderamente es triste”, expresó el Cardenal Brenes.

A raíz de que el gobernante Ortega Saavedra se negó a adelantar las elecciones generales para el primer semestre del año entrante, el diálogo entre el gobierno y la oposición quedó suspendido indefinidamente. Los religiosos atacados en Diriamba actúan como mediadores en el conflicto.

El Secretario General de la OEA, Luis Almagro, ha adoptado una actitud de tolerancia ante la brutalidad del régimen Ortega-Murillo, lo que contrasta con su crítica vehemente a la represión sangrienta del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, del mismo corte populista totalitario que el nicaragüense. Indudablemente, esta posición benevolente de Almagro ha alentado y envalentonado al régimen Ortega-Murillo, que se ha dedicado a matar a mansalva a sus detractores y opositores.

Lamentablemente, ante la intransigencia del régimen Ortega-Murillo, abanderado del Socialismo del Siglo XXI, no se ve la luz al final del túnel en Nicaragua, como tampoco se visualiza en Venezuela, lo que anticipa más sufrimiento para la sociedad nicaragüense.