Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Modelos progresistas

Que la población acepte el reto de prosperar asumiendo obligaciones.

— Méndez Vides
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José Vasconcelos fue un hombre de ideas, iluminado y brillante, que motivó la transformación educativa de México tras la Revolución mexicana. Conspiró contra Porfirio Díaz, sufrió cárcel y exilio, y puso en práctica, en los tiempos del gobierno de Álvaro Obregón, el proyecto ilustrado de encontrar en la educación la solución a los problemas nacionales.

Fue fundador del Ateneo de la Juventud, donde se reunía con intelectuales de primer nivel, como Alfonso Reyes y Antonio Caso, inspirando y alentando la gran empresa del hombre nuevo, afirmando que “sólo me conforma el infinito”, opuesto a copiar esquemas extranjeros y reclamando “el derecho a tener una cultura propia”.

En 1921 fue nombrado director de la Secretaría de Educación Pública, desde donde llevó a cabo el gran proyecto cultural mexicano con la publicación masiva de los autores clásicos. Invitó a intelectuales como Ramón del Valle Inclán para motivar a la juventud nacional, y construyó escuelas y bibliotecas por todo el territorio, iniciando una especie de renacimiento arquitectónico y artístico de la mano de muralistas como Diego Rivera.

Vasconcelos vivió intensamente y fue motor de la transformación del país vecino, un genio, promotor de la idea de la raza cósmica.

En sus memorias se saborea la aventura e intriga, presenciando su huida a caballo hacia el exilio en Europa, Sudamérica y los Estados Unidos, exigiendo siempre intensidad: “Vivir con plenitud, con arrojo, ensayando vicios y placeres, por los altos y los bajos de la escala sensual; padeciendo amarguras y miserias por desiertos y por los abismos, por la cumbre y en el hampa. Y después la renuncia, la meditación, la epopeya de la voluntaria, luminosa, misericordiosa liberación”.

En sus memorias plantea cómo era la vida durante su infancia provinciana en calles empedradas, puntualiza las taras heredadas de la Colonia, el temor al progreso, la vida entre incienso y jaculatorias, el separatismo de castas, presenciando el surgimiento del mundo moderno. Tan parecido al caso de Guatemala. Vasconcelos motivó sueños en los mexicanos, incansable, porque “si el cuerpo come y baila, ¡qué importa el afán de las almas!”.

Un Vasconcelos es lo que necesitamos en Guatemala, y que la población acepte el reto de prosperar asumiendo obligaciones, en lugar de la pequeñez de los pedigüeños que exigen derechos no ganados.

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