Viernes 20 DE Julio DE 2018
Opinión

De las masas al voto

El reto de los movimientos sociales.

— Helmer Velásquez
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El chupinazo electoral está lanzado. El cimbrón aceleró a mercaderes de la política y puso en movimiento a personajes de la plaza y viejas organizaciones sociales. Incluso aquellas que van a lo profundo y proponen construir el nuevo Estado han asumido él cauce electoral como vía para obtener cambios al sistema político y económico del país. Aquello de la acumulación de poderes sociales, y desde allí imponer condiciones al Estado parece haberse trastocado por el poder del voto. Aún hay bastiones históricos que no se redimen y se parapetan en la construcción de los poderes populares y de los pueblos. Lo cierto es que amplios sectores sociales, más que en otras coyunturas electorales tienen expectativas –de participación– electoral. En términos de lucha política popular la campaña por las Reformas de Estado ceden prioridad. Lo urgente da paso a lo importante.

Lo novedoso: la disputa del poder del Estado desde luchadores populares y la “generación” 2015 pretendiendo desde órganos de Estado hacer los cambios exigidos desde la calle. No es que sea un hecho nuevo, lo trascendental es que deja de ser marginal, y está en mejores condiciones que en el pasado inmediato. El proceso pondrá a prueba la transformación de la masa en voto. Hasta el día de hoy nadie lo ha logrado, en este patio por lo menos. Las razones son múltiples y complejas. Así que el éxito socio-popular en las elecciones dependerá de cuestiones como: el grado de identificación de las masas, urbanas y rurales con la necesidad de transformar los órganos del Estado, y la certeza que se le logre infundir de que los dirigentes sociales sí podrán realizarlas. La organicidad, real y sólida de la militancia y el convencimiento de esta de que el voto es parte de la lucha. Calidad y capacidad movilizadora de los cuadros sociales y populares. Acá una debilidad para aquellas entidades que se fundan en el principio de la participación espontánea y su organicidad es altamente flexible. Se requieren dirigencias proclives a la alianza, social y política. Ajenos prejuicios de “la guerra” La capacidad de articulación será el sello fundacional de la reconversión de la dirigencia política. Las candidaturas deben provenir de la credibilidad social y consenso. Asegurar la factibilidad legal: negociación con el partido sin sucumbir a designios arcaicos.

Queda poco tiempo. Así que dedicación, pragmatismo y prioridad electoral o se llegará tarde. Los de la lucha popular y prolongada –los imprescindibles– no tendrán aquellas prisas, pero corresponde. Allanar caminos.