Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Enfoque: En política nada se escribe sobre piedra

Los vaivenes políticos marcan el acontecer de las naciones. Lo que es evidente, es que lo imprevisto forma parte de esta actividad.

— Gonzalo Marroquín Godoy
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La historia –nacional y mundial– muestra, una y otra vez, que en la actividad política lo único seguro es que los imprevistos brotan a cada momento, ya sea para bien o para mal. Lo han comprobado aún los más poderosos, aquellos que parecían intocables o invencibles, y terminan mal por no prever que las cosas pueden cambiar de rumbo como lo hace una veleta cuando cambia el viento.

Para no ir tan atrás en nuestra historia, veamos lo sucedido a partir de la dictadura de Jorge Ubico. El militar parecía intocable e indomable. Se creía con gran fuerza popular, hasta que comprobó que la ciudadanía estaba cansada de tanta represión, abuso y falta de libertad. Sucedió lo que meses antes era impensable: hasta amigos cercanos se atrevieron a desafiar al dictador y pidieron su renuncia, en medio de protestas que crecían en las calles. Ubico se ve obligado a renunciar el 1 de julio de 1944.

Su sucesor, el general Federico Ponce Vaides, no pensó que podría perder tan pronto el poder, pero una revolución lo derroca el 20 de octubre de ese mismo año y los acontecimientos se aceleran. Agotado el país por más de un siglo de dictaduras, surge la figura de un maestro, Juan José Arévalo, quien aglutina a la mayoría de guatemaltecos detrás de la causa revolucionaria.

Luego hay una vuelta al militarismo con Jacobo Árbenz, pero no previó en su actuar político, el fuerte malestar que provocaban sus decisiones vistas como izquierdistas, ni midió el poder de las multinacionales estadounidenses –principalmente la United Fruit Company–, y termina obligado a renunciar por las fuerzas llamadas de la Liberación.

¿Quién iba a creer que en menos de una década se debilitaría tanto la corriente revolucionaria? En política no solo es importante el fondo de lo que se pretende hacer, sino también –y a veces más– la forma, es decir la manera de llevar a cabo lo que se pretende.

Los imprevistos y vaivenes han caracterizado nuestra política. El siguiente presidente, Carlos Castillo Armas –también militar–, fue asesinado por causas que nunca se conocieron a cabalidad, lo que llevó al país a un período de incertidumbre. Tres presidentes se sucedieron en menos de dos años, hasta que se volvió al militarismo con el general Miguel Ydígoras Fuentes.

Sus excentricidades y hasta payasadas generaron malestar hasta en las filas del Ejército y sucedió algo de nuevo impensable. Del propio Ejército surge –tras un fallido intento de golpe de Estado– el movimiento revolucionario que marcó las siguientes décadas del país.

A cada uno de los presidentes posteriores les ocurrió siempre algo imprevisto –o muchos–. A unos les sucedieron desastres naturales y los supieron aprovechar –si vale el concepto–, porque reaccionaron favorablemente. Otros, en cambio, tuvieron una participación gris que marcó sus administraciones. Hay imprevistos de todo tipo rondando la política.

Jimmy Morales es una especie de imán para estos imprevistos. Los provoca o le llegan, pero a cada paso que da le aparece uno. No se preocupa de sus discursos como debiera y, por querer improvisar y parecer simpático, termina haciendo un papelón con lo que dice, como ocurrió el pasado lunes en la inauguración del Congreso de turismo.

Pero los vaivenes, los imprevistos vienen de bastante atrás. No se imaginó que su discurso y promesas de campaña quedan grabados y en las redes sociales. Criticó que los gobernantes tuvieran enormes aparatos de seguridad y gastos superfluos y al poco tiempo él hace lo mismo o peor. Se deja llevar por impulsos y sale a echar del país a Iván Velásquez. El poder no logra siempre lo que quiere y se le voltea la torta.

Sabe acogerse a Estados Unidos y le sigue con el tema de la embajada en Jerusalén, pero los imprevistos le brotan por todos lados. Mientras se mantenía inmerso en su pugna contra la CICIG y Velásquez, le salta el tema del acoso sexual. Esto es muy delicado. Tanto como los casos de corrupción que a diario se publican de ministros y otros funcionarios de su administración.

 Puede que no suceda nada –en política nunca se sabe–, pero puede que su situación legal se complique. Lo mismo es para la Fiscal General. Quizás salga fortalecida si su intervención es contundente o puede quedar muy mal parada si no se le percibe independiente y ello marca su gestión.

En política nada está escrito en piedra. Estamos en medio de un capítulo de intensidad política… y viene más en el segundo semestre del año.

Algunos ya se creen dueños de nominaciones o candidaturas. Hay quienes ya se sienten –incluso– ganadores, pero en política todo puede ser cambiante. Los candidatos de la vieja política harán su mejor esfuerzo, pero habrá nuevos en este campo. Unos y otros comprobarán en carne propia que nada es seguro en política.

Si no, que lo diga Manuel Baldizón o años antes Jorge Carpio, quienes ya se hacían con la banda presidencial y nunca la tuvieron ni cerca.

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