Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Encrucijada ambiental

Ignorar las leyes ecológicas es creer que una sola especie puede acaparar todos los recursos.

— Marcela Gereda
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Según diversos científicos el 99 por ciento de los ríos del país está contaminado. El Motagua lleva en su corriente ocho kilómetros de plásticos y otros desechos que no se biodegradan. Esta escena se repite por casi todos los cuerpos de agua del país.

Aquella noticia ecocida en el río La Pasión de hace dos años que alarmaba de los 105 kilómetros de fauna acuática afectada por el uso de un pesticida residual de una empresa procesadora de palma africana (la cual es señalada de ser la responsable de la muerte de miles de peces, tortugas y otras especies acuáticas), no cambió la política ambiental, ni la negligencia de nuestras instituciones públicas y empresas en prácticas ambientales.

Aquí, de por sí, el 98 por ciento de los delitos generales queda impune, lo que nos deja pensar en un 100 por ciento de impunidad en los constantes delitos ambientales.

Según diversos científicos, el río La Pasión, así como el Motagua, se convirtió en un asqueroso vertedero de desechos. El río La Pasión es uno de los más largos de Guatemala, kilómetros de bosques, coníferas y selvas altas, lugar de refugio de cientos de especies de plantas y animales en peligro de extinción. Se trata de una región de alta diversidad biológica. La riqueza cultural se remonta a 4 mil 500 años de historia, mundialmente conocida por la civilización maya. Por miles de años ha sido un pulmón y productor de oxígeno fundamental para el planeta. ¿No es esta razón suficiente para declararlo área protegida?

Uno de los más grandes ecologistas de Guatemala fue el escritor y poeta Mario Payeras, quien un día escribió: “en la experiencia histórica hemos aprendido que en el proceso material de producir la vida, el medio ambiente es nuestra propia obra, y que esta obra deviene contradictoria con la naturaleza al ignorar sus leyes. Rehacer la naturaleza, por lo tanto, implica transformar las relaciones sociales que la dañaron”.

Ignorar las leyes ecológicas es creer que una sola especie puede acaparar todos los recursos. Olvidar que la vida depende del equilibrio y conservación de la biodiversidad de especies. Y que todas las especies estamos interconectadas y somos interdependientes.

Para acabar con la cultura de la depredación necesitamos leyes ambientales coercitivas. Y un sistema económico con prácticas sostenibles, capaz de ofrecer empleo a millones de guatemaltecos desempleados.

Estamos en momento de encrucijada: nuestra tierra no aguantará más desequilibrios. Es fundamental que las empresas y autoridades políticas se sumen a prácticas ambientales sostenibles que no destruyan nuestro medio ambiente. Necesitamos aprender a proteger todas las formas de vida. Aún estamos a tiempo de forjar una cultura colectiva de respeto a toda forma de vida y de honrar el planeta donde vivimos, donde vivieron los que estuvieron antes que nosotros y donde estarán los que vendrán después de los hijos de nuestros hijos.

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