Sábado 8 DE Agosto DE 2020
Opinión

¡Urge una política pública del migrante!

Fecha de publicación: 06-07-18
Por: editorial

Una política pública es un curso de acción trazado en el marco de un plan estratégico cuyo objetivo principal es atender o resolver determinada necesidad, problema o asunto de interés público, social o nacional.

Luego, resulta imposible que si no se ha diseñado un plan estratégico pertinente y completo, no puede formularse e implementarse una política pública, que está más enfocada a las acciones y decisiones que deben adoptarse para el cumplimiento de los objetivos generales y específicos.

 En materia del migrante, no se ha diseñado un plan estratégico para abordar la problemática en torno al migrante. Sin duda, la falta de un plan estratégico relativo al migrante y, por consiguiente, la ausencia de una política pública del migrante, han redundado en que la Cancillería se haya limitado a reaccionar ante los acontecimientos, muchas veces con lamentable temor, titubeo e improvisación.

La improvisación de la diplomacia guatemalteca se pone en evidencia al estarse solicitando una y otra vez al gobierno estadounidense que conceda a los migrantes el Estatus de Protección Temporal (TPS), a raíz de distintas devastaciones naturales, incluyendo el reciente desastre causado por la erupción del volcán de Fuego. No se repara en que el TPS se sigue solicitando en momentos en que la tendencia en los EE. UU. es hacia una política radical de prohibición de la inmigración y en que, más bien, se están cancelando los TPS y deportándose a los beneficiarios. Por tanto, este tipo de gestión resulta completamente ineficaz. Sin duda, el gobierno estadounidense no la ha rechazado de plano, por no agraviar a nuestra diplomacia, aunque, como dice el refrán, al buen entendedor pocas palabras.

De cara a la criminalización de los indocumentados en territorio estadounidense, a la separación de padres e hijos de inmigrantes, a la muerte violenta de inmigrantes indefensos en los EE. UU. y a la reclusión de indocumentados en campos de concentración, no se ha pasado del mero cabildeo protocolario.

Ningún mecanismo de protección y defensa de los derechos humanos de los inmigrantes se ha invocado y articulado, ni tampoco se tuvo una respuesta concreta ante las advertencias sobre migración que recientemente vino a hacer el vicepresidente de los EE. UU., Mike Pence, a los gobernantes del Triángulo Norte de Centroamérica. Ni siquiera hubo capacidad y entereza para plantearle la necesidad de que en los EE. UU. se emita una regulación razonable, cierta y humana en cuestión de migración.

En fin, todo se reduce a que en nuestro país no existe una estrategia respecto del migrante y, por ende, tampoco una política pública del migrante. Y pensar que los migrantes son los que, en gran medida, mantienen a este país.