Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

El racismo como instrumento político

Si la preocupación fuera por la discriminación, entonces debiera esclarecerse el asunto, y no deducir que esta es por razón de “razas” que no existen.

— Francisco Roberto Gutiérrez Martínez
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Hay políticos que buscan provocar confrontación social para abonar adeptos a su ideología; la mayoría de ellos fundamentan su propuesta en el marxismo, que plantea la lucha de clases como su instrumento estratégico.

Según Karl Marx, la sociedad capitalista es una sociedad dividida entre capitalistas y trabajadores –explicación simplista– en la que la “explotación” conduce a una crisis social y política que lleva a una lucha de clases y de ella a la revolución socialista del proletariado. Esta fue, en síntesis, la propuesta “emancipadora” de Marx. Con el paso del tiempo lo que la filosofía de Karl Marx propuso para una Europa del siglo XIX dejó de tener asidero en la modernidad, como lo demuestra la caída de los regímenes fundamentados en esa ideología, que causaron esclavitud y muerte a millones de personas; quedan otros millones sufriendo la dictadura de obstinados líderes en Cuba, Corea del Norte y Venezuela, todos hundidos en la miseria.

Hoy, ante el fracaso marxista, sus seguidores proponen otros instrumentos de conflicto social para llevar, suponen, a una nueva lucha social, siendo en nuestro medio uno de los más recurrentes el denominado racismo.

El racismo presupone la existencia de unas características “innatas” que determinan, por razones biológicas, comportamientos humanos diferentes. Según esta corriente –más política que antropológica– es la sangre la que determina la identidad de la persona, marcando esas diferencias.

Pero el error se demuestra fácilmente mediante la ciencia: según la biología molecular, no existen razas humanas. Existe únicamente una humanidad, humanidad que por miles de años se ha conformado por mujeres y hombres. Las pruebas científicas del ADN, demuestran claramente que la conformación estructural de todos los humanos es similar; esto es, obedecen a la misma estructura genética o “genotipo” propio; no hay ninguna diferencia más allá que el color de la piel y otros rasgos externos, que los pueda categorizar como miembros de diferentes “razas”.

Si esto es así, como queda demostrado científicamente, ¿por qué sigue utilizándose en los análisis políticos y sociológicos el racismo como causa de la discriminación hacia el otro? Obviamente la razón es que la raza, como la asumen los promotores del racismo, no puede cambiar, será por tanto, una causa permanente para el conflicto social y caldo de cultivo para esa política engañosa.Si la preocupación fuera por la discriminación, entonces debiera revisarse el asunto, y no deducir que esta –la discriminación– es por razón de diferencias de “razas”, lo que, como queda demostrado, no existe.

No cabe duda que la discriminación es una desafortunada realidad, pero su racionalidad se basa normalmente en aspectos étnicos o socioeconómicos. Estos elementos responden más a asuntos de cultura; y como las culturas son fluidas, y van cambiando conforme los acontecimientos que las comunidades viven, a los pregoneros del mal no les interesa esta clase de discriminación, pues al ser variable o modificarse en el tiempo, se va constituyendo en elemento de unión, más que de confrontación. De esta lógica surge la interculturalidad, elemento que permite el encuentro racional entre las diferentes culturas que viven las etnias diferencias de un lugar. La discriminación –un mal que nos aqueja– debiera analizarse desde la sociología sistémica, la que permite alejarse de las apreciaciones individualistas o colectivistas que sesgan el análisis. La metodología sistémica toma en cuenta al grupo humano estructurado desde la persona, la familia y demás conglomerados sociales, y no desde las perspectivas de análisis tradicionales como las “clases” o los “grupos sociales”. Y permite también identificar los lazos que unen y producen los hechos sociales, en combinaciones que se pueden dar actuando en los diferentes “subsistemas” que conforman el sistema social. De manera que el análisis de la discriminación conviene hacerlo desde cada uno de esos subsistemas, esto es, desde el político, el cultural, o el económico.

Esta forma de análisis hace sentido tomando en cuenta que las personas actúan, consciente o inconscientemente, en los diferentes subsistemas llegando a formar parte de ellos, por lo que es más objetivo situarse desde allí para conocer y analizar sus formas de actuar, lo que permite ver individualidades desde y dentro del subsistema político, el económico o el cultural; e incluso las interacciones entre ellos. Se puede constatar la existencia de discriminación entre miembros del mismo grupo étnico, causados por la condición económica, de religión o de educación.

En síntesis, la reiterada insistencia en el racismo es por lógicas exclusivamente políticas, bajo la premisa de su inamovilidad. Pero un análisis más profundo, desde la ciencia biológica, demuestra su falsedad.

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