Jueves 18 DE Abril DE 2019
Opinión

FILGUA

Sin lectura, nuestro pensamiento será estéril y ajeno a la historia.

— Estuardo Porras Zadik

Basta con exponerse a un chat de WhatsApp, para poner en evidencia la carencia de lectura de una abrumadora mayoría. La patética ortografía no es más que la punta del iceberg, la desinformación es la parte toral de nuestra poca exposición a este imprescindible hábito. Sin lectura, estamos condenados como sociedad.

El pulso ideológico que se genera a partir de la lucha en contra de la corrupción y la impunidad, es el perfecto ejemplo. Sin una base histórica y dejándose llevar por la emoción, la coyuntura y las experiencias personales salen en defensa de preceptos que requieren de un profundo estudio. Muchos, quienes sin el menor de los cuidados emiten opinión, crean tendencias entre sus semejantes y alimentan la polarización y el divisionismo. Defender ideas, posturas y movimientos es necesario, de hecho, es parte de lo que nos caracteriza como sociedades pensantes. El problema radica cuando se hace desde la ignorancia. Algunos hablan acerca de que la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), es el resultado de una agenda de izquierdas liderada por Estados Unidos. Un breve repaso por la célebre novela Weekend en Guatemala de Miguel Ángel Asturias, bastaría para poner en duda semejante disparate. Con la misma irresponsabilidad se habla de la conquista, de las dictaduras, de la Revolución del 44, la Liberación del 54, la Ley de Reforma Agraria, la lucha de los pueblos indígenas, el conflicto armado interno, la quema de la Embajada de España, de secuestros –entre tantos otros temas–, sin haber sido expuestos a aquellos que con su pluma han dejado plasmada nuestra historia.

¿Cómo hablar de la conquista sin haber leído La patria del criollo, de Severo Martínez Peláez? Para dictaduras, está de nuevo Asturias con El señor presidente o Carlos Sabino con Tiempos de Jorge Ubico en Guatemala y el mundo. Antonio Móbil sería el ungido para ilustrarnos acerca de la década revolucionaria. En Oscura transparencia: la caída de Árbenz, Fernando González Davison muestra el viejo intervencionismo de Washington; y Mario Castejón, con Aquel verano del 54 analiza los acontecimientos que culminaron con el derrocamiento de Árbenz y el triunfo de la Liberación. En temas de reforma agraria, qué mejor que conocer lo que nos cuentan Stephen Schlesinger y Stephen Kinzer en Fruta amarga: la CIA en Guatemala. Varios grandes de la literatura guatemalteca nos llevan a través del tiempo, desde las luchas de los pueblos indígenas hasta el conflicto armado interno, por medio de obras literarias que nos obligan a cuestionar el actuar de nuestros antepasados. Jorge Luján nos cuenta lo que sucedió durante la quema de la Embajada de España y Rodrigo Rey Rosa, nos habla de secuestros en su magistral novela El cojo bueno… Así, apoyados por la lectura, nuestras luchas, nuestras posturas, los debates, en fin nuestras ideologías tendrían sentido y no estaríamos sumidos en una lucha estéril, ajena a nuestra historia.

La Feria Internacional del Libro en Guatemala (FILGUA) nos da la oportunidad de sumergirnos en lo más profundo de la historia, por medio de las obras de cientos de miles de autores que, con gran maestría, la han dejado plasmada. Dejemos por un lado la ignorancia y encontremos en estas el sustento de nuestros ideales.

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