Domingo 22 DE Julio DE 2018
Opinión

“Fake governments” y el éxodo

Estados Unidos debería aplicar medidas más severas contra funcionarios corruptos y negligentes que gobiernan en los países centroamericanos.

— Manfredo Marroquín
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El éxodo de millones de migrantes del Triángulo Norte, como le denominó a dicho fenómeno social el vicepresidente Mike Pence y que no cesan en el intento de ingresar al territorio estadounidense, tiene sus raíces en sostener un modelo caduco económico, político y social, administrado cada cuatro años por gobiernos fake, que se alternan para saquear las arcas de los paupérrimos Estados y sostener el cadavérico statu quo, provocando que millones de personas opten por la fuga forzada que pese a los riesgos y peligros que conlleva, resulta preferible a la certeza del fracaso y la ausencia de futuro en sus países.

La presencia de un nuevo flujo parecido al ocurrido en el 2014 de migrantes menores no acompañados y obligados actualmente por la administración Trump a ser separados cuando viajan acompañados de sus padres, encendió las alarmas nuevamente en la Casa Blanca, como lo hizo en ese entonces provocando que la administración demócrata del presidente Obama reaccionara impulsando el Plan Alianza para la Prosperidad.

Sin embargo, cada año que pasa queda más evidente que ningún plan por bien concebido que esté, puede ofrecer los resultados esperados en manos de gobiernos mediocres que carecen del compromiso y las capacidades ejecutorias para sacarlos adelante. Evidentemente el mencionado plan no es una panacea ni la receta para que los países del norte centroamericanos superen sus problemas, pero para el gobierno norteamericano es la hoja de ruta que tiene trazada en su relación con los tres países, y la misma empieza a demostrar sus límites.

De allí que el mensaje de Pence haya sido brusco y contundente respecto de la molestia de su gobierno con la continuidad de los flujos migratorios masivos provenientes del triángulo sin norte como le he denominado en otros artículos. Los argumentos oficiales de los gobiernos centroamericanos siguen siendo de quejas y más peticiones sin reconocer que su carente legitimidad e instituciones al servicio de intereses elitistas, les hace inoperantes y hasta repulsivos para gran parte de sus poblaciones.

Los altos flujos de expulsión migratoria solo pueden ser contrarrestados con altos flujos de inversión nacional y extranjera, que generen oportunidades masivas de empleo y ocupación, pero sin certeza política y jurídica los capitales también prefieren migrar. En lugar de pedir más apoyo para el combate de la corrupción y la impunidad que son el caldo de cultivo de la violencia generalizada que ahuyenta a la gente y el capital de los países, los presidentes han optado por la defensa de un statu quo insostenible. En parte porque ellos mismos se verían afectados por el combate a la impunidad y también porque su permanencia en el poder está condicionada a los intereses de minorías que siguen lucrando del mismo.

En lugar de buscar formas más represivas de castigar la migración y a los migrantes que resultan ser víctimas primero de la negación de sus derechos en sus países de origen, luego de abuso durante el trayecto y finalmente criminalizados en suelo estadounidense, Estados Unidos debería aplicar medidas más severas contra funcionarios corruptos y negligentes que gobiernan en los países centroamericanos y que lejos de demostrar compromiso y honra con el mandato que ejercen, prefieren burlarse de los pueblos que los eligió y de la misma agenda que el país del norte pretende impulsar para la defensa de sus intereses.