Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Opinión

De Monica Lewinsky a Jimmy Morales

Collage de desvaríos amorosos presidenciales.

— Gonzalo Asturias Montenegro
Más noticias que te pueden interesar

En 2015, el entonces candidato presidencial Jimmy Morales habría sido denunciado por amenazas, coacción, agresión sexual y violencia física y psicológica. La denuncia, por supuestos delitos graves, no fue ratificada en su momento, y ahora que tardíamente iba a ser archivada, saltó a la luz pública pudiendo recobrar vida jurídica, siempre y cuando la denunciante (que debe de estar bajo mucha presión de tirios y troyanos) esté dispuesta a hacerlo; de lo contrario, la denuncia de 2015 pasaría al sueño de los archivos judiciales. Aprovecho el sonado caso de Monica Lewinsky y Bill Clinton, para ver posibles convergencias y discrepancias de itinerarios legales de los Presidentes en estos casos sexuales, incluyendo el de Jimmy.

Monica confirmó que había tenido relaciones sexuales con el entonces Presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, cuyo escenario habría sido la famosa Oficina Oval, un lugar del que han emanado decisiones históricas para el mundo. La noticia produjo un gran revuelo noticioso; igual ocurrió en Guatemala con la del supuesto acoso de Jimmy.

El segundo escenario fue la negativa del Presidente de los Estados Unidos, inclusive bajo juramento, de que hubiera tenido relaciones sexuales con “esa mujer”. Aquí igual, porque Jimmy considera la denuncia como deleznable. Luego, en Estados Unidos, empezó la investigación por parte de un fiscal ad hoc. En Guatemala, de recobrar la denuncia vida jurídica, o si hubiera una nueva, la investigación del caso correspondería al MP.

En Estados Unidos, Bill no podía negar el hecho porque la propia Monica presentó un vestido con el semen presidencial, producto de sexo oral. En el caso de Guatemala, considero que si la denuncia recobrara vida jurídica o hubiera una nueva (como se dice que también podría ocurrir), correspondería al MP hacer la investigación del caso. Si este no encontrara nada de peso la descartaría por frívola e improcedente; pero si, por el contrario, encontrara suficientes indicios de que Jimmy efectivamente podría haber cometido algún delito, armaría un caso cuyo itinerario final sería la discusión en el pleno del Congreso del levantamiento de la inmunidad al Presidente, para que este pudiera ser citado, oído y eventualmente enjuiciado.

El que el Congreso le retirara la inmunidad a Jimmy es poco probable porque el “pacto de corruptos”, que tiene mayoría en el Parlamento, lo blindaría para chantajearlo de mejor forma para la obtención de prebendas de corrupción, a cambio de no retirar la inmunidad presidencial. En este caso, todo quedaría para seguir su curso hasta “el 14 a las 14 horas”.

Vistos todos los escenarios posibles, considero que, por el momento, lo del acoso presidencial está en el limbo, pero prudentemente digo que nada se puede excluir porque todo puede pasar, y que ningún extremo debe de ser descartado de antemano. (El ¿qué pasaría si…? es siempre una pregunta actual).

Siguiendo ahora exclusivamente en el caso de Bill y Monica, el hecho fue tardíamente aceptado por el Presidente Clinton (reconoció haber tenido una “relación inapropiada”), lo cual no pasó a más porque, como hubo mutuo consenso, el hecho fue inmoral pero no ilegal. Luego, el Senado absolvió a Bill de la acusación de perjurio, porque este adujo que el sexo oral no podía calificarse plenamente de relación sexual. El asunto terminó en un solo enredo de palabrerías, y Clinton se salió con la suya.

A partir del día en que Bill aceptó su mal proceder, como su esposa Hillary no lo quería en el lecho matrimonial, el Presidente tuvo que dormir en un sillón de una sala de estar de la Casa Blanca, con su perro echado al lado, sobre la alfombra, porque no en balde el perro es el mejor amigo del hombre, aun en momentos bochornosos.

Para reivindicarse ante la opinión pública, Bill Clinton anunció entonces que recibiría guía espiritual del pastor evangélico Jesse Jackson, de quien se supo más tarde que, mientras daba la respectiva orientación espiritual al Presidente, el Pastor tenía embarazada a su secretaria. No había, pues, un pastor y una oveja, sino dos coyotes de la misma loma: el presidente de los Estados Unidos y el Pastor evangélico, dos cínicos de marca mayor.

(Independientemente de los aspectos jurídicos, Jimmy debería de hacer un examen de conciencia, y si en el mismo encontrara alguna tendencia al acoso sexual debería buscar la guía espiritual de un pastor, ya sea de la misma congregación evangélica a la que el Presidente pertenece o de Cash Luna o Jorge H. López, por citar a dos famosos pastores chapines. En su oportunidad, Baldetti buscó la de Cash Luna.

Concluyo este artículo con sendas historias de deslices amorosos de Presidentes guatemaltecos. La primera es la de Juan José Arévalo, quien en una ocasión decidió darse una escapada a Atitlán en compañía de una bailarina rusa. El Presidente decidió conducir el auto, e ir en el mismo con la sola compañía de la damisela, en tanto que la escolta iría en un vehículo aparte. Como en ese entonces el camino a Atitlán era muy estrecho, con curvas muy cerradas, el conductor debería de ir despacio y atento al camino. Sin duda que el ansioso presidente se distrajo (había razón para ello), y como conducía el auto de prisa (le urgía llegar a su destino), llevando una sola mano en el timón, no pudo maniobrar en una curva, y se embarrancó. Los escoltas rescataron a los accidentados con huesos rotos y golpes visibles en el cuerpo, todo lo cual fue público. Si no es por un árbol que detiene al auto, los amantes hubieran muerto en el fondo de un precipicio muy profundo.

El segundo caso fue el del presidente José María Reina Barrios, que todas las noches caminaba de su casa a la de la amante, quien era una actriz. En una ocasión, el Presidente se cruzó en la misma acera con Edgar Zollinger, quien desenfundó un revólver, con el que le dio un tiro de muerte al presidente. La escolta, que venía atrás, a una distancia prudencial, capturó y mató a palos al magnicida. Esto confirma el dicho que dice que hay amores que matan.

Concluyo diciendo, que, como estamos en época de Moralejas, yo hago la propia, ¡y en rima!: “Moraleja moraleja, cada quien con su pareja”. Así, nada pasa a más.

gasturiasm@gmail.com

Etiquetas: