Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La corrupción y la vieja política contraatacan

Quieren silenciar a Acción Ciudadana y luego silenciar a otras organizaciones de la Sociedad Civil.

— Manfredo Marroquín
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En un comunicado de prensa el miércoles 20 de junio pasado, el Congreso informa que ha presentado una denuncia en la que se me acusa de varios delitos en mi condición de representante legal de Acción Ciudadana. Como representante legal de Acción Ciudadana niego rotundamente la veracidad de estas acusaciones.

Ninguna de estas acusaciones tienen sentido en la realidad o en la legalidad. No ocurrieron y no tengo asuntos pendientes con la justicia.

No hubo ni existen hechos que puedan ser probados como verdaderos por el Congreso de la República, o al menos por quienes pretenden actuar en nombre de todo el Congreso.

La responsabilidad legal que tengo con Acción Ciudadana, y el prestigio profesional que he desarrollado en los últimos 25 años, me impiden aceptar estas acusaciones que son falsas y que están diseñadas por la mala fe de algunos dirigentes del Congreso.

Las declaraciones del presidente del Congreso confirman que la motivación de dicha denuncia es una respuesta política al recurso que Acción Ciudadana interpuso contra algunos diputados que tienen impedimento legal para ejercer cargos por ser tránsfugas de sus partidos.

En el marco de la vieja política, estas acusaciones lo que buscan es silenciar a Acción Ciudadana y en particular a mi persona como parte de una estrategia de defensa del Pacto de Corruptos, que ahora sí, ataca a una sociedad civil que lucha contra la corrupción y pide a gritos un Congreso Transparente.

Ellos saben, que, si logran silenciar a Acción Ciudadana, tendrán menos resistencia hacia su perversa agenda ¡Sí! eso es lo que quieren; drenar de toda legitimidad al Parlamento y dejar al pueblo sin uno de sus principales instrumentos democráticos.

Quieren silenciar a Acción Ciudadana y luego silenciar a otras organizaciones de la Sociedad Civil.

El Congreso no fue consultado como cuerpo de parlamentarios, por lo tanto, los artífices de la denuncia no pueden arrogarse una representación que no tienen. Actuar sin estos requisitos mínimos, solo puede expresar su desprecio por la voluntad de los demás diputados.

Pero así es la vieja política: autoritaria, antidemocrática,
irresponsable y sin ética; esa es la política de la que queremos salir.

Por eso, hago un llamado a la ciudadanía en la cual creo; busquemos en nosotros mismos la inspiración y los valores para salvar a Guatemala de esta gente, que solo han organizado sus mentes para destruir nuestra precaria democracia. Guatemala no les interesa y la ciudadanía no les inspira respeto.

Mi compromiso de más de dos décadas, no me permite retroceder en la fiscalización de las instituciones públicas, no debemos dejar la democracia en las manos de esta gente, son peligrosos y destructivos.

Por ello no guardaré silencio. El silencio es el caldo de cultivo de las tiranías y la democracia es otra cosa; participación, deliberación, veracidad pública y la producción de buenas políticas para la ciudadanía; por eso me niego a callar, ¡la voz ciudadana debe seguir denunciando!

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