Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Álvaro Arzú Irigoyen (1946-2018). Parte X

Todo ello, contrasta con la visión de Arzú Irigoyen, con los nombres seleccionados para los viaductos, construidos durante sus varias gestiones.

— Eduardo Antonio Velásquez Carrera
Más noticias que te pueden interesar

Si alguien se atreve a catalogar a un alcalde como el mejor de todos los tiempos, como muchos conciudadanos han querido ver en Arzú Irigoyen, por lo menos debe conocer la historia urbana de la Nueva Guatemala de la Asunción. Por ello, hay que saber mínimamente lo realizado por alcaldes como Mario Méndez Montenegro (1945-1948), que tuvo el acierto de hacer la prolongación de la sexta avenida sur, a pesar de romper una parte del cerro o ermita en donde estuvo la iglesia de El Calvario –quizás pudo haber construido un túnel subterráneo para evitar desaparecer un icono histórico de la ciudad–, permitiendo la ampliación de la ciudad hacia el sur. Durante esta gestión municipal, el ingeniero y urbanista guatemalteco, Raúl Aguilar Batres, fue regidor municipal. Conocer la de Martín Prado Vélez (1949-1951), que nombró a Aguilar Batres, como director de planificación de la Municipalidad de Guatemala, profesional que merece un estudio por aparte y otros alcaldes, como Julio Obiols Gómez (1955-1958) que fundó el Benemérito Cuerpo de Bomberos Municipales, cuya enorme utilidad sería posteriormente comprobada con la tragedia del incendio del “Manicomio” –premeditado y no accidental, como supongo maliciosamente por el paso del estadounidense Dr. John C. Cutler y su equipo por el mismo–. Inclusive en tiempos de Carlos Arana Osorio (1970-1974), como Presidente de la República y de Manuel Alberto Colom Argueta, como alcalde municipal se nombró al Puente del Incienso, como “Ing. Martín Prado Vélez”; con justicia. Todo ello, contrasta con la visión de Arzú Irigoyen, con los nombres seleccionados para los viaductos, construidos durante sus varias gestiones, que muestran no solo la interpretación de la historia patria que tuvo y su irrespeto hacia nuestro sufrido pueblo. Para el periodo 1966-1970, gana las elecciones municipales el Licenciado Ramiro Ponce Monroy (1966-1970), quien se aprovecha de estudios previamente hechos por alcaldes de la ciudad mencionados, respetándolos. En general, eran profesionales preparados y pensantes, cuestión que no puede decirse de Arzú Irigoyen. Durante la gestión del llamado alcalde de “Las calzadas” hace una memorable labor. Él y sus asesores sabían que el crecimiento urbano, entre 1950 y 1964 había sido acelerado. Por ello, se atreve a iniciar la ampliación de las vías de acceso y de salida al municipio de Guatemala, en sus cuatro puntos cardinales. Por el sur, se desarrolla el proyecto de la hoy llamada “Calzada Ing. Raúl Aguilar Batres” sobre la angosta calle de Amatitlán. Además de ser necesario, muy justo el nombre asignado a la mencionada calzada, por quien fuera uno de los verdaderos cerebros del desarrollo urbano de la ciudad en términos de la modernidad. Por el noreste, la antigua calle Martí –la calle nueva de Estrada Cabrera–, prolongándola y ampliándola por medio de la llamada “Calzada José Milla y Vidaurre” que pasa el Puente Belice –iniciado por el Coronel Jacobo Árbenz Guzmán y terminado por el General Ydígoras Fuentes en 1958– hacia la carretera soñada, la denominada Carretera al Atlántico, que hoy lleva el nombre y el apellido del presidente revolucionario; con el objetivo central de competir, vía mercado, con el monopolio ferroviario de la International Railways of Central America, la famosa IRCA. Por el oeste, ya desde la convención de Estados Americanos reunida en Buenos Aires, Argentina, en 1938, se decidió la construcción de la carretera Interamericana, en nuestro continente, y que en nuestro país llevó ese nombre en varias vertientes, y que por su paso en la capital se convirtió con el tiempo en la llamada Carretera Roosevelt, que benefició, mediante su propia intervención a los terratenientes de las fincas La Esperanza, Miraflores, Las Majadas, Las Margaritas, Lo de Cotió, El Tesoro de Arzú, etcétera. Era una carretera asfaltada, de dos carriles, uno en cada sentido, importante para los intereses militares de los EE. UU. en la región por causa de la II Guerra Mundial; de donde también se construyó el Hospital Roosevelt. Cuando llega el alcalde Ponce Monroy, la amplió y la convirtió en la que es hoy, fundamentalmente. A esa “Calzada Franklin Delano Roosevelt”, la supervisamos en su construcción los patojos en bicicleta de mi infancia y
adolescencia.

Continuará…

Etiquetas: