Domingo 16 DE Junio DE 2019
Opinión

24/7

Antes, el escrutinio y la censura ocurrían a cada cuatro años.

Fecha de publicación: 26-06-18
Por: Estuardo Porras Zadik

Pareciera que Guatemala se ha convertido en el guion de la afamada película Moon Over Parador, donde un dictador fallece repentinamente de un ataque al corazón, y es reemplazado por un actor para perpetuar en el poder a sus allegados. Una sátira del dictador al peculiar estilo de Hollywood, que retrata a la perfección la realidad que viven muchos países latinoamericanos. En nuestro caso, el presidente actual Jimmy Morales no es en realidad un dictador per se, sino un actor haciendo el papel a medias. No sé qué es peor: si estar bajo el yugo de un dictador de pura cepa, o bajo el de uno de un largometraje de bajo presupuesto.

Hoy vivimos en un perpetuo y sobrediagnosticado estado de calamidad. Soluciones sobran, gente capaz abunda y la indignación es generalizada. Sin embargo, los obstáculos para avanzar pululan en posiciones clave del Estado y lo tienen engrilletado. Funcionarios incapaces en la cosa pública, pero altamente capacitados en el secuestro institucional. Un secuestro que heredan, ya que los que hoy quedan no son más que novatos kamikazes y ripio de la vieja política. No obstante, eso no los hace menos peligrosos sino todo lo contrario, ya que carentes de verdaderos estrategas tratan de rescatar y perpetuar un modelo en proceso de extinción a nivel mundial. Pero el guion aguanta con todo y en esta satírica comedia, los protagonistas seguirán con el papel estelar por un tiempo, aunque ello implique sacrificar al país.

Bajo el papel de “dictador”, regresa la semana pasada a la luz pública nuestro actor: critica a los medios de comunicación, y luego se niega a atender las preguntas de los periodistas. Se cambia de guion, y se deja en el olvido la crisis migratoria que viven cientos de familias guatemaltecas en las fronteras con Estados Unidos, la catástrofe del volcán de Fuego, las solicitudes de retiro de su derecho de antejuicio por financiamiento electoral ilícito, la cancelación del partido oficial FCN-Nación, las serias acusaciones en su contra publicadas por el excanciller Edgar Gutiérrez, las víctimas del Hogar Seguro Virgen de la Asunción, los cargos penales en contra de sus familiares, los sobresueldos provenientes del Ministerio de la Defensa, la inexistente infraestructura vial, la decreciente economía del país; el deterioro de Guatemala a nivel internacional, al haber declarado persona no grata al comisionado Iván Velásquez; y el intento fallido de sacar del país al intachable embajador sueco Anders Kompass. Las prioridades están claras para el mandatario, y estas son: neutralizar a los medios de comunicación, sus columnistas y a las “irresponsables” y “diabólicas” redes sociales.

En su estelar discurso, el presidente dejó claro que, desde su punto de vista, los medios de comunicación han sido los responsables de la indignación generalizada y de las incansables críticas de la población a su gobierno. Según él, a través de “noticias falsas” los medios de comunicación y las redes sociales buscan conmover, indignar y atemorizar a la sociedad guatemalteca. Buena suerte con esta nueva batalla, señor presidente, ya que las noticias falsas tienen una vida muy corta y los hechos son los únicos sostenibles. Una noticia falsa cobra vida e importancia, con la ignorancia de la población que la lee y la difunde. Pero su vida es corta y sucumbe ante el escrutinio de los medios de comunicación éticos, de los generadores de opinión serios, de las instituciones responsables y ante la posibilidad de comprobar su veracidad por medio de los aparatos telefónicos –de los cuales se estima que hay más que población–.

En el pasado, los gobernantes eran criticados y sometidos al escrutinio de la sociedad cada cuatro años, cuando ya era demasiado tarde. Hoy, todos los sectores e individuos, sin excepción alguna, estamos sujetos al escrutinio social las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. Ser dictador es cada vez más difícil y lo es aún más, cuando alguien simplemente lo está actuando.

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