Domingo 16 DE Junio DE 2019
Opinión

Discursos de odio

El odio es un antivalor al cual recurren los inmorales.

Fecha de publicación: 25-06-18
Por: MARIO FUENTES DESTARAC

El odio es un sentimiento de antipatía y aversión hacia algo o alguien cuyo mal se desea. Luego, los discursos y las campañas de odio son aquellas actitudes y acciones que promueven y pretenden el rechazo, el repudio, el desprecio o la repugnancia hacia alguien o algo. Respecto del odio Plutarco dice: “El odio es una tendencia a aprovechar todas las ocasiones para perjudicar a los demás”. Asimismo, Arthur Schopenhauer expresa: “En no pocos casos el odio a una persona tiene sus raíces en la estimación involuntaria de sus virtudes”.

Generalmente, los discursos y campañas de odio contra las personas concentran esfuerzos y recursos en descalificar, desacreditar, demeritar o destruir el prestigio, la fama y el buen nombre de las personas contra quienes se montan, dirigen o accionan, con la finalidad de deslegitimarlos, restarles credibilidad o promover su separación o exclusión de círculos sociales, económicos o políticos.

Los discursos y campañas de odio identifican enemigos y son brutales en el afán de injuriarlos, calumniarlos y difamarlos. Al efecto, se echa mano de intrigas, inventos, trucos, rumores, maledicencias, falsas imputaciones, mentiras emocionales y montajes con el ánimo de erosionar o socavar la reputación o credibilidad de la víctima, someterla a escarnio o vergüenza pública, así como debilitar, someter o erosionar la fuerza de voluntad o el espíritu de lucha del ofendido. Muchas veces, se llega al extremo de endilgar al sujeto objetivo o blanco la comisión de supuestos crímenes o delitos, para que sea tachado como delincuente común o peligroso.

En lo político, los discursos y campañas de odio se asocian a la propaganda del odio e, incluso, a los crímenes de odio, que son los delitos motivados por prejuicios, que conllevan ataques o agresiones físicas, la destrucción de la propiedad, la intimidación, la amenaza, el acoso, la coacción, el insulto mordaz o la conjura. Al adversario, disidente u opositor se le considera un enemigo jurado a quien hay que callar, amordazar, subyugar, encarcelar o aniquilar; y, por consiguiente, a alguien a quien no hay que respetar ni tratar dignamente o con deferencia.

En la propaganda del odio subyace la intolerancia, la intransigencia, la confrontación, la subestimación, la canallada y el menosprecio. A través de la propaganda del odio pueden promoverse terribles distorsiones, engaños o injusticias, tales como la discriminación racial, el odio religioso, el odio entre ricos y pobres, la homofobia, la misoginia, la xenofobia, etcétera.

La Convención Americana sobre Derechos Humanos establece: “Estará prohibida por la ley toda propaganda en favor de la guerra y toda apología del odio nacional, racial o religioso que constituyan incitaciones a la violencia o cualquier otra acción ilegal similar contra cualquier persona o grupo de personas, por ningún motivo, inclusive los de raza, color, religión, idioma u origen nacional”.

Luego, bajo ningún punto de vista debe permitirse o facilitarse la incitación al odio en nuestra sociedad, porque, además de que es un antivalor, al cual recurren los inmorales, es provocador, destructivo y disociador. Por otro lado, el odio no fortalece lo que nos une, sino que, por el contrario, alimenta lo que nos divide.

George Bernard Shaw es elocuente al afirmar: “El odio es la venganza de un cobarde intimidado”.

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