Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
Opinión

El peor de los presidentes

No aprende.

— Édgar Gutiérrez
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Jimmy Morales le debe un favor a Guatemala. La única manera de pagárselo es renunciando a su cargo. Aunque en apariencia inocente, lo cierto es que fue un gran error suyo postularse como candidato, pues no tenía idea del poder político y sus implicaciones (sigue sin tenerla, por lo visto).

A los grupos de interés les resultó una presa fácil, por eso aparecen financiando, según las investigaciones del MP y la CICIG, solo el día de las elecciones. (Los transparentes no pidieron un recibo simple, como corresponde, sino que se me tieron al laberinto de las facturas que siempre odian).

Sin duda, fue mayor el error de la ciudadanía elegirlo presidente. No es la primera vez –hay que admitirlo- que el pueblo se equivoca, aunque podría ser la primera vez que un gobernante reconoce que traicionó la confianza de sus electores, y se hace a un lado. (¿Lo hará finalmente? Ya conoce la salida).

Jimmy Morales podría, entonces, pasar a la historia. No como el peor presidente (que en efecto lo es), ni el mayor de los incapaces (tampoco hay que demostrarlo), ignorante enciclopédico y tonto útil (según se ve), según está siendo evaluado. No es considerado el sabio, humilde, anti-político, que es la actitud que la gente esperaba de él hace tres años. El payaso se quitó el maquillaje sonriente y saltó amargamente la vieja política, de la cual don Jimmy se nutrió desde su cuna y buscó en los aparadores. Nunca el pueblo le creyó que fuera “ni corrupto ni ladrón” (antes de entrar a la vida política era un ladrón de vueltos, según la evidencia) y el Congreso no podrá taparlo mucho tiempo más.

Ahora bien, no se sospechó que fuera un abusador de jovencitas, como en efecto lo es, aprovechándose del cargo. Eso es triste, decepcionante y fatal, políticamente hablando. No habrá ideología anticomunista ni política conservadora que lo salve. Quienes ahora lo respaldan, promoviendo como estrategia la ideología impresentable de guerra fría, perderán mañana la cara.

Jimmy Morales podrá ganar eventualmente refugio en Israel, pues para eso ha trabajado, sacrificando, quizá sin saberlo, los principios de relaciones internacionales que manda la Constitución; por ejemplo, luchar por la paz y los derechos humanos, además de apostar a las resoluciones de las NNUU sin financiamiento a cambio. (Trasladar la embajada de Guatemala de Tel Aviv a Jerusalén, es todo un rollo: no trae beneficios inmediatos, más que pequeñas entrevistas y visitas -quizá personales al Presidente, a pesar de que se especula de asesores en inteligencia e inversiones millonarias, no me parece cierto, salvo que identifique empresas israelíes, que es lo típico desde hace 70 años.)

En esa renuncia tiene don Jimmy la cabeza, sobre todo después de los acontecimientos en Nicaragua de las últimas semanas. Envió, en efecto, de avanzada al diputado Jaime Regalado, del MR, con dudosa reputación, como embajador, sin saber qué ocurre, tras las últimas jornadas anti Daniel Ortega. Las cosas evidentemente les están saliendo mal. Por eso don Jimmy no tiene muchas opciones. Nicaragua lo puede acoger, pero será más seguro Israel. Ojalá ahí aprenda a trabajar en comunidad.

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