Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Impotencia e indignación

— Jose Rubén Zamora
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Me fue imposible conciliar el sueño: los llantos, los gemidos, las palabras entrecortadas y los balbuceos de los niños y niñas suplicando por sus padres en la frontera gringa, de quienes fueron separados sin piedad por funcionarios implacables y carentes de humanidad, me atormentaron incesantemente y no pude dejar de escucharlos.

Mientras se me venían las imágenes de las centenas de muertos por negligencia criminal de las autoridades en las faldas del volcán de Fuego; la carretera de concreto hidráulico –para que dure– que el Estado construyó hasta las puertas del “spa” de la cínica diputada Delia Bac; toda la parentela de Delia Bac que vive, gracias al derroche y la acentuada cultura de nepotismo que prevalece en la clase política del país; los Q167 millones que ha “ganado” a dedo la empresa “pipiripau” que como contratista del Estado construyó la carretera de Delia Bac hasta las puertas de su “spa”; que el caso de Delia Bac solo es uno de los tantos casos emblemáticos de políticos rateros que abundan en Guatemala, tal el caso de Armando Escribá, quien discretamente, en los cuatro años de la UNE, pasó de andar descalzo a tener yates, aviones, helicópteros, vehículos y mansiones y hoy día sigue como flamante diputado sangrando el Presupuesto del Estado.

Incesantemente pasé pensando en los 4 millones de guatemaltecos que sin falta y por norma no almuerzan todos los días y cenan agua caliente con sabor a frijoles; en las niñas y niños no acompañados y acompañados que como consecuencia del abandono optan por realizar una caminata silenciosa, heroica y en muchos casos suicida hacia Estados Unidos de Norteamérica, en busca de trabajo, oportunidades, progreso, para ellos y los suyos, a este país de migrantes y crisol de razas, donde por ejemplo Trump, carente de humanidad, también es nieto de migrantes alemanes, que dejaron su país natal, sin duda en la pobreza, para buscar el sueño americano; eso que hizo decir al economista John Kenneth Galbraith que en ninguna minoría de migrantes en Estados Unidos había encontrado tanta disposición al trabajo y al esfuerzo como en los migrantes “mexicanos”, diga lo que diga el presidente Trump (por cierto para los gringos todos somos mexicanos).

En la insensatez, ausencia de sensibilidad e incompetencia de Jimmy Morales, del embajador Manuel Espina y de la muy nutridita, muy ignorante y muy servil canciller Sandra Jovel, que en su afán de preservar la impunidad de su jefe y expulsar al comisionado Iván Velázquez, no solo han abandonado a nuestros migrantes indocumentados, sino que incluso, para lograr que se profundice la simpatía y el apoyo del señor Trump, incluso podrían ofrecerse de voluntarios para “venadear”, capturar y expulsar migrantes chapines en la frontera gringa y quien quita y se les puede ocurrir enviar un contingente de “tropa loca” del Ejército de Guatemala, a custodiar el río Grande para que el presidente Trump pueda conciliar el sueño y dormir placenteramente.

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