Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Al norte y al sur de Centroamérica

— editorial
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Mientras en Colombia los resultados electorales en la segunda vuelta, celebrada el pasado domingo, favorecieron al candidato presidencial del Partido Centro Democrático, Iván Duque Márquez, con vocación liberal demócrata, sobre el presidenciable de Inclusión Social por la Paz, Gustavo Francisco Petro Urrego, con clara orientación socialista, con una diferencia de más de 12 puntos porcentuales, en México el presidenciable de MORENA, Andrés Manuel López Obrador, de vocación socialista, lidera la intención de voto en las elecciones presidenciales que se celebrarán el domingo 1 de julio de este año sobre los presidenciables del oficialista PRI, José Antonio Meade Kuribreña, de centro izquierda, y del PAN-PRD-MC, Ricardo Anaya Cortés, de tendencia liberal demócrata.

Sin duda, la colombiana y la mexicana son dos realidades que se ofrecen contrapuestas; por un lado, la sociedad colombiana se inclina por una alternativa política que se fundamenta en la revisión del acuerdo de paz suscrito con la exguerrilla FARC, el emprendimiento, la diversificación de las exportaciones y el crecimiento económico; por otro lado, la sociedad mexicana muestra preferencia por el modelo intervencionista de López Obrador, sustentado en los programas sociales, la soberanía alimentaria, la lucha anticorrupción, el aumento de la carga tributaria y la
nacionalización de la industria petrolera y eléctrica.

En ambos países el oficialismo goza de una pobrísima aceptación. En Colombia, el régimen presidido por Juan Manuel Santos Calderón está terminando con niveles de aceptación muy bajos (alrededor del 20 por ciento), en tanto que en México el régimen del presidente Enrique Peña Nieto goza de una popularidad similar al de su homólogo colombiano (también alrededor del 20 por ciento).

Inequívocamente, la baja aprobación del gobierno de Santos Calderón en Colombia redundó en el desempeño electoral del presidenciable oficialista, Germán Vargas Lleras, quien obtuvo, apenas, el 7.3 por ciento de los votos en las elecciones celebradas el 27 de mayo de este año. Asimismo, la baja popularidad del presidente Peña Nieto en México está perjudicando al candidato presidencial oficialista (PRI), José Antonio Meade Kuribreña, de cara a los comicios que se celebrarán el próximo domingo 1 de julio del presente año, quien, según recientes sondeos de opinión, Meade Kuribreña, aunque es percibido como el presidenciable más capaz e idóneo de los competidores, solamente obtiene el 20 por ciento de la intención de voto.

En Colombia, en la victoria de Duque Márquez indudablemente incidió la grave situación por la que atraviesa Venezuela bajo el opresivo régimen chavista de Nicolás Maduro, de corte totalitario socialista, que ha provocado el colapso de la economía venezolana, la desinstitucionalización del país y la huida de más de 2 millones de venezolanos, derivada de la escasez de alimentos y medicinas, del altísimo índice delincuencial, así como de la violación sistemática de los derechos humanos por parte de la dictadura chavista.

En México, por su parte, el enojo y la rabia generalizadas contra el gobierno de Peña Nieto, acusado de cleptómano y sumiso ante los EE. UU., ha inclinado la balanza política en favor de su más furibundo opositor, López Obrador, quien ha capitalizado la emocionalidad del electorado contra el PRI y contra las actitudes antimexicanas adoptadas por el gobernante estadounidense Donald Trump, y ha logrado minimizar los señalamientos en su contra por su supuesta

vinculación ideológica y política con el régimen venezolano de Nicolás Maduro.

En fin, todo apunta a que los grandes países que se encuentran al norte y al sur del Istmo centroamericano, tomarán caminos distintos. Colombia se enfila hacia la economía social de mercado, mientras que México propende hacia el socialismo. Lógicamente, las expresiones contrapuestas de sus respectivos gobiernos tendrán incidencia en la región.

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