Jueves 19 DE Septiembre DE 2019
Opinión

“Preludio y Fuga en re mayor”

A propósito del transfuguismo.

Fecha de publicación: 15-06-18
Por: alvaro castellanos howell

No sé cómo hubiera reaccionado Johann Sebastian Bach, de haberse imaginado que hoy juegue con el título de una de sus obras (BWV532) para aludir un fenómeno que, en lugar de enaltecer o emocionar, pareciera indignar.

La fuga es un estilo musical que representa, literalmente, “huidas” o “escapes”, mediante composiciones en las que tres o más voces, entran sucesivamente en imitación, como una especie de “persecución” entre ellas.

Por su parte, “trans”, es el prefijo que se usa para indicar aquello que pasa “al otro lado de” o “a través de”.

Así, cruzar un túnel en los Alpes, sería una aventura “transalpina”.

O sea que “transfugarse”, podría significar una experiencia musical consistente en saber lo que se siente luego de escuchar atentamente una fuga, en re mayor, en la menor, o en cualquier otra tonalidad.

Ahora que nos enteramos que los diputados han iniciado una batalla legal para defender su “derecho al transfuguismo”, lo primero que quisiera proponer es preguntarnos sinceramente si lo que desean los “padres y madres de la patria” es tener experiencias sensoriales profundas.

Porque en la jerga de la ciencia política, la palabra “transfugarse” significa que alguien huye o escapa de una posición política partidaria a otra. Es decir, se utiliza para identificar a quien cambia de identidad política. Quizás “transfuguismo” se usa como un sinónimo de deslealtad a unos valores y una ideología determinados. He ahí por qué se asocia con una concepción peyorativa.

Pero, ¿qué lealtad se puede esperar a algo que no tiene forma, visión misión, y mucho menos, ideología definida?

Si no está lo primero (una forma definida de ser y pensar), ¿será que no es de cierta manera, injusto, llamar “tránsfuga” a alguien que no sabe, en política, de dónde viene ni a dónde va?

¿Podríamos redenominar a este, en todo caso, como “desubicado”?

Las palabras son clave para definir y entender algo. Y quizás “tránsfuga” nos quede grande aún. Puede ser que sea entendible plenamente en una sociedad políticamente desarrollada.

Así, propongo que al no haber en Guatemala, hasta ahora, partidos políticos reales, con ideología, principios y valores, y democracia interna, sino agrupaciones verticales caudillistas y temporales, redefinamos el término para hablar del fenómeno del llamado “transfuguismo”, y dejar en paz a Bach y otros que tanto usaron la fuga como algo sublime.

¿Qué tal, simplemente, oportunistas?

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