Domingo 24 DE Junio DE 2018
Opinión

Cuando el primer desastre es el gobierno

Su permanencia aumenta los daños.

— Edgar Gutiérrez
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Cuando el gobierno es un desastre (léase, el de Jimmy Morales) convierte un fenómeno natural (la erupción del volcán de Fuego) en un desastre amplificado.

Está claro, en el caso de la erupción del 3 de junio, que todo falló. Los sistemas de alerta no fueron ágiles ni interpretados correctamente, los planes de emergencia resultaron ineficaces, no hubo medidas de seguridad para las comunidades y es obvio que no ha habido planificación de los asentamientos humanos. Diez días después ni siquiera sabemos cuántos habitantes murieron, menos sus nombres.

Y es que las autoridades ni siquiera tienen registro actualizado de cuántos y quiénes vivían en las áreas de afectación. (Por cierto, el rezagado censo nacional de población y vivienda comenzó a ser boicoteado hace más de un año por el paranoico Jimmy Morales, que ordenó súbita y arbitrariamente la destitución de la directora, con el poderoso e inapelable argumento de que “olía a comunista”. Obvió que la profesional guatemalteca había logrado el cargo tras un riguroso proceso abierto de selección entre más de 70 profesionales de muy alto nivel técnico, no solo nacionales. Esta es la hora en que seguimos en los preparativos del XII Censo de Población y VII de Vivienda, cuyo presupuesto fue aprobado desde el 2016.)

La visión pequeña del gobierno de Jimmy Morales solo da para pensar en qué negocios hacen debajo de la mesa, aprovechando la declaratoria del estado de calamidad. Por tanto, habrá nuevos escándalos y mayor indignación de la población. En su sepultura popular, Jimmy Morales alcanzó a decir que la OEA verificaría la transparencia de las compras y su canciller Sandra Jovel anunció un “acompañamiento”. El problema fue que Luis Almagro, secretario general de esa organización no fue consultado; se enteró a través de los medios, con lo cual Jimmy Morales y su canciller se autoboicotearon pinchando su último globo internacional. El bochorno es tal que no me extrañaría que Almagro deba suspender por motivos de “fuerza mayor” su visita a Guatemala prevista para el próximo martes 19.

Los desastres vienen en cadena. La exhalación del volcán ocurrió en plena temporada de lluvias torrenciales y, previsiblemente, provocará inundaciones en zonas pobladas de Escuintla tras la sedimentación de la lava en los cauces naturales del agua de lluvia. Por otro lado, decenas de hogares están ubicados en áreas vulnerables a derrumbes y deslizamientos de tierra. El martes 12 la CA1 Occidente quedó cortada de tajo en el kilómetro 240. El miércoles 13, a las 4 a. m. hubo un derrumbe en el kilómetro 144, en la ruta de Sololá a Panajachel. Más tarde, 210 personas fueron afectadas por inundaciones en La Blanca, San Marcos; un muro colapsó en Chinautla y hubo un socavamiento en la ruta de salida de Santa Cruz del Quiché.

El sábado 9, en la tarde-noche que la Plaza volvió a protestar y pidió la renuncia de Jimmy Morales y su equipo responsable, él estaba atrincherado en la Casa Presidencial amagando con salir a enfrentar a los manifestantes, mientras su guardia lo sostenía. Pero en verdad ya nadie lo podrá sostener. Adicional a los antejuicios por delitos electorales y de corrupción, se podrán presentar otros por homicidio culposo. Su permanencia en el gobierno 18 meses más no resulta un dato insignificante. Ciertamente no se podrán evitar los desastres, pero se debe levantar la gestión de la crisis para mitigar daños y abreviar sufrimientos, pues la pobreza también se profundiza y amplifica.