Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Carretera a El Salvador

Los caminos avanzan a pesar de la oposición financiada por los poderes del no.

— Méndez Vides
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Hace más de un año tenía programado presentarme un día entre semana, antes del mediodía, en una actividad en San Salvador, sin falta ni excusa válida. Calculé mis tiempos en situación de emergencia ante el anuncio intempestivo de bloqueo de campesinos en El Boquerón a partir de las seis de la mañana. Madrugué con tal de superar el punto peligroso antes de la hora, pero por el mal estado del camino, lleno de baches y parches, o por lo que haya sido, apenas logré llegar a la hora en punto, cuando ya estaban por tirar sobre la pista las tablas con clavos, y se preparaban las plañideras para impedir la circulación, mostrándose en la tele extendiendo las manos para enternecer a los gentiles donantes. Sentí alivio, había superado el daño que me hubiera caído encima de no haber podido pasar.

La tensión, sin embargo, no disminuyó sino hasta cuando atravesé la frontera. En la cancha vecina todo me pareció mejor, la condición del asfalto y lo ancho de las vías, y hasta sentí envidia al entrar en San Salvador por la calzada Monseñor Romero. El regreso fue la confirmación al pasar de buenos caminos a los malos nuestros, calculando no llegar al punto de bloqueo antes del levantamiento vespertino, cuando suena la señal y cada bloqueador deja el puesto y marcha a su casita, cumplida ya la jornada según contrato. Todavía me detuve en el alto y tomé con paciencia el mal camino detrás de una inmensa cola.

La semana pasada me tocó repetir el dichoso recorrido, y esta vez fue la erupción del volcán de Fuego lo que me alertó, así que partí el mismo domingo, antes de que la ceniza o incidentes nuevos entorpecieran mi cumplimiento. ¡Sorpresa! La carretera está renovada, el antiguo calvario de baches fue sustituido por un nítido paso lejos de la inundación urbana de Barberena, porque estamos estrenando libramiento. Sin paradas ni túmulos ni vendedores ni la molesta vista de los letreros comerciales. Dudé de estar en el camino correcto, hasta cuando llegué al pequeño trecho aún pendiente de renovación. La carretera a El Salvador está casi toda reparada. Atravesé la frontera, y encontré el asfalto del país vecino en malas condiciones.

El actual Gobierno nuestro, a pesar de la acción de grupos decididos a no permitirles hacer nada, va logrando rescatar espacios. Parece que el libramiento de Chimaltenango ya está también próximo a habilitarse, y que la carretera al Atlántico continúa su progreso, con la espera molesta por los trabajos de construcción que son tan inevitables como los dolores de parto. De tales progresos no se comenta nada, porque solo lo malo encuentra eco en los grupos interesados. Hay que ser justos. Los caminos de Guatemala avanzan a pesar de la oposición financiada por los poderes del no.

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