Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Responsabilidad social y enfermedades crónicas

“Una epidemia de enfermedad crónica renal, de origen desconocido ha emergido en la década pasada en América Central y ha sido nombrada nefropatía mesoamericana”. (Ricardo Correa, MD, et al Narrative Review).

— Edgar Balsells
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La semana pasada se celebró un evento interesante organizado por la Dirección General de Investigación –DIGI– de la Universidad de San Carlos y el IGSS, dedicado a las enfermedades crónicas, con especial atención en la enfermedad renal crónica no tradicional –ERCnT– en la Costa Sur. Se expusieron así múltiples puntos de vista en los campos de la responsabilidad social empresarial, el mundo del trabajo y el empleo, la economía y el medio ambiente, y por supuesto la Farmacia y la Medicina.

Las deliberaciones motivan a pensar en la necesidad de reforzar la investigación científica orientada a la solución de los más ingentes problemas económicos y sociales, y es que la epidemia de enfermedades crónicas demanda inicialmente del diseño de nuevas políticas de forma inteligente, pues no puede ser que en este país dejemos todo a la buena voluntad de la gente de bien y a los esquemas de autorregulación de hogares y empresas, sustituyendo la forzosa acción del Estado y al ejercicio de la autoridad, combinado todo ello con esfuerzos serios de descentralización y organización social de nuevo cuño.

¿Qué es la ERCnT a la luz de la política pública?, resulta ser un mal tipificado por los expertos hace unos lustros, que está afectando a familias enteras en la costa sur y que ataca las funciones renales, obligando a soluciones drásticas en el plano médico si no se edifica todo un sistema de alerta temprana, como debiera existir en múltiples planos de la vida económica y social de los pueblos. Y es que un país con deficiencias de organización social y prevención, como se ha observado en Escuintla y San Juan Alotenango con la erupción volcánica, es un entorno institucionalmente débil, y que seguirá regido por la caridad y solidaridad del prójimo y por las dádivas de la cooperación internacional.

El tema de la enfermedad renal es tan complejo que el Departamento de Toxicología de la Facultad de Farmacia habla de: stress ante el calor, incluyendo deshidratación, consumo de medicamentos antiinflamatorios no esteroides, arsénico en el agua, ingesta de fructosa, medicamentos nefrotóxicos, incluyendo cierta medicina homeopática, leptospirosis y otras infecciones endémicas. Además, las complicaciones adquieren una susceptibilidad genética y como en abundantes deficiencias de Capital Humano, el bajo peso al nacer es un factor disparador, que de acuerdo a mi humilde opinión se complica con la malnutrición que agobia a partir del imperio de la comida rápida (Fast Food) y la abundante ingesta de lo que en México se denomina jocosamente como “exceso de Vitamina T” (tacos, tortas y tortillas, entre otros).

La calidad del gasto y de las políticas sociales va de la mano con un esfuerzo solidario y constante de la población, y ello se sintetiza en la edificación de políticas públicas de calidad; y en ello repito las inquietudes del foro comentado en las primeras presentaciones y diálogos: resulta vital encumbrar en nuestro país una discusión amplia y profunda sobre los Objetivos del Desarrollo Sostenible –ODS– que ya son parte de la agenda estratégica de país ante el concierto de las Naciones Unidas. Guatemala ya presentó sus metas y aceptó el reto, y con ello se estaría solucionando gradualmente una buena parte de las amenazas que enfrenta la población, derivadas de las condiciones de trabajo y de la carencia de políticas de empleo dignas y mayor protección social.

Y como en todo hay que empezar por el principio, la alerta temprana y los modelos inclusivos en salud deben seguir siendo un punto fundamental de la discusión futura.

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