Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Álvaro Arzú Irigoyen (1946-2018). –Parte VII–

Cuando Carlos Castillo Armas es asesinado por los sicarios del dominicano General Trujillo, comandado por Abbes García, Arzú Irigoyen tiene veintiún años.

— Eduardo Antonio Velásquez Carrera
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El Presidente constitucionalmente electo, Juan Jacobo Árbenz Guzmán, pasa del discurso a los hechos y propone el anteproyecto de ley de reforma agraria al Congreso de la República que la sanciona en el año de 1952, convirtiéndola en el famoso Decreto 900. Llama poderosamente la atención el atraso no solo intelectual, sino pragmático de los capitalistas en ciernes, de los comerciantes mayoristas y minoristas, de los inversionistas privados, nacionales y extranjeros, ante la elección del camino de desarrollo capitalista implementado por Árbenz Guzmán, por la vía “farmer”, como lo afirmara el sociólogo ecuatoriano, Agustín Cueva. La ampliación del mercado interno, por la vía de la decisión política de convertir a los antiguos mozos colonos, a los obreros del campo y a los campesinos en pequeños propietarios de la tierra, que además de brindarles medios de producción, les daba la oportunidad de generar sus propios ingresos, convirtiéndolos por primera vez en su historia en ciudadanos de una sociedad democrática y capitalista.

Está claro que los que se oponían a la reforma agraria eran los antiguos conservadores y liberales de la Guatemala precapitalista, que había gobernado desde los tiempos de Justo Rufino Barrios hasta la dictadura sangrienta de Jorge Ubico Castañeda. Una elite constituida por grandes terratenientes, algunos capitalistas industriales, comerciantes mayoristas e inversionistas extranjeros, fundamentalmente norteamericanos, chinos y alemanes; en la que sobresalían el pulpo comandado por la UFCO y sus satélites, que no entendieron que los cambios era para beneficiarlos en el futuro. Era complejo entender, dado su atraso mental y pragmático, que las medidas tomadas por Árbenz Guzmán eran de carácter capitalista y no comunista, como la propaganda ubiquista empleó, desde que tomó el poder político a través de un moderno equipo de publicidad y difusión, para su época, comandado desde la propia TGW con su radio y su sección de cinematografía. Para cuando la CIA y el Departamento de Estado de los Estados Unidos de América y el pulpo de la UFCO; con los aliados internos, como los mencionados y de la todavía poderosa Iglesia católica, apostólica y romana y los aliados externos como los dictadores que Honduras, Nicaragua, República Dominicana, Venezuela y otros logran la derrota del gobierno de Árbenz Guzmán, en junio-julio de 1954, cerrándole a Guatemala el camino de su desarrollo por la vía farmer del capitalismo, que la democratizaría y tomando la opción de la vía junker de desarrollo capitalista, de las exclusiones de siempre. Para cuando Carlos Castillo Armas es asesinado por los sicarios del dominicano General Trujillo, comandado por Abbes García, Arzú Irigoyen tiene veintiún años y como lo reconociera el doctor Armando de la Torre, no estaba para muchos estudios sino para convertirse en hombre de acción. Vamos a ver qué significó decir ello. A pesar de la derrota del movimiento revolucionario de Octubre de 1944-1954 muchos de los cambios realizados eran irreversibles, como el de la obligación de pagarle a los trabajadores por los servicios laborales prestados, es decir, ya no pudieron dar marcha atrás con la creación del mercado que era el trabajador asalariado, cerrándose para siempre el trabajo forzado y sin remuneración de los tiempos precapitalistas de nuestra historia republicana. Otros logros como la Banca Central, la creación del IGSS y de la autonomía de la Usac ya no pudieron ser revertidos. Inclusive los bienes del Estado, como las fincas nacionales, fueron convertidos en trofeos de guerra.

Continuará…

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