Lunes 17 DE Junio DE 2019
Opinión

Álvaro Arzú Irigoyen (1946-2018) –Parte VI–

Manuel Cobos Batres, pariente de Arzú, se mantuvo callado durante los años de la dictadura ubiquista y ahora vociferaba en contra del gobierno del doctor Arévalo Bermejo.

Fecha de publicación: 09-06-18
Por: Eduardo Antonio Velásquez Carrera

Para cuando el presidente constitucionalmente electo, Juan Jacobo Árbenz Guzmán toma posesión en marzo de 1951, Arzú Irigoyen tiene apenas cinco años. Árbenz como ministro de la Defensa Nacional había desbaratado todos los intentos golpistas para derribar del cargo al doctor Juan José Arévalo Bermejo, –algunos contabilizan 48 conspiraciones– quien había comenzado la enorme labor de modernizar a la sociedad guatemalteca, partiendo desde el sistema educativo hasta la forma como debe comportarse un ciudadano presidente en una democracia republicana. Es fundamental hacer notar que los desplazados del poder político eran los conservadores y liberales de la Guatemala precapitalista, que había gobernado desde los tiempos de Justo Rufino Barrios hasta la dictadura sangrienta de Jorge Ubico Castañeda. Una élite constituida por grandes terratenientes, algunos capitalistas industriales, comerciantes mayoristas e inversionistas extranjeros, fundamentalmente norteamericanos, chinos y alemanes. Una élite acostumbrada a mandar, a ejercer el poder y no ser apartada del mismo y ahora se encontraba en una situación en la que no tomaba las principales decisiones de gobierno. El principal ungido de los intentos de golpe de Estado era precisamente el jefe de las Fuerzas Armadas, el extriunviro revolucionario, Coronel Francisco Javier Arana, quien previamente a encontrar la muerte en el Puente “La Gloria” sobre el Río Michatoya, en Amatitlán, le había dado un ultimatum al Presidente Arévalo Bermejo, quien le ordenó al ministro de la Defensa, Árbenz Guzmán, detenerlo. Y Árbenz y su equipo lo hizo con eficiencia y prontitud. Inmediatamente, después, de la muerte de Arana, mientras conspiraba, se desató el levantamiento de la Guardia de Honor que fuera sofocado por las fuerzas militares leales al gobierno revolucionario y por la población capitalina, en julio de 1949. Hay todavía hoy varios ilusos, que afirman que fue ilegal la decisión de la detención de Arana, tomada por el Presidente Arévalo Bermejo, insisten que no fue publicada la resolución del Congreso de la República de destituirlo del cargo y demás detalles jurídicos. Pregunto: ¿Y desde cuándo se le avisa a un conspirador que va a ser apresado? Hay que hacer notar que detrás de estas fuerzas militares disidentes, se encontraban líderes civiles como el exalcalde Mario Méndez Montenegro, quien gobernara la ciudad para el período 1945-1948. Méndez fue uno de los fundadores del Frente Popular Libertador, apoyó al doctor Arévalo Bermejo en un primer momento y en los tiempos de la contrarrevolución uno de los líderes del Partido Revolucionario –PR–. Así que para cuando Árbenz Guzmán toma el poder político, las fuerzas originales que apoyaron a la Revolución de Octubre de 1944 ya se encontraban divididas. Unas porque ya se habían derechizado o ya lo eran, como el caso del exalcalde y sus seguidores y otras porque ya se habían radicalizado hacia la izquierda. La Agencia Central de Inteligencia (CIA), el Departamento de Estado y las empresas del pulpo de la United Fruit Company, que incluía a la International Railways of Central America (IRCA) y a la Great White Fleet, la naviera, ya habían comenzado con su trabajo conspirativo y desestabilizador desde el gobierno del doctor Arévalo Bermejo, como es constatable en los propios documentos desclasificados por el Estado estadounidense. Según Ramiro Ordóñez Jonama, Manuel Cobos Batres, pariente de Arzú, se mantuvo callado durante los años de la dictadura ubiquista y ahora vociferaba en contra del gobierno del doctor Arévalo Bermejo, instituyendo la tradición derechista de los minutos de silencio y vistiendo luto riguroso que se ha extendido hasta nuestros días. Continuará…

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