Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Un panorama desalentador

Platicando con una amiga, me contó una historia que me dejó pensando. Desde pequeña ella compra tortillas en el mismo lugar, un negocio familiar en donde una madre y sus cinco hijas trabajan de sol a sol. Todas ayudan, menos una. La más pequeña, la que quiso estudiar. Esta jovencita se propuso terminar la escuela y estudiar en la universidad. Mi amiga me comentó que hace poco se enteró que esta joven cerró pensum y que en pocos meses será su graduación. Pero, a pesar de que está contenta por haber alcanzado su meta, está muy preocupada porque no encuentra trabajo. Tanta es su angustia, que mi amiga me preguntó si conocía de alguna oportunidad para esta joven.

— Salvador Paiz
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Historias como estas son muy comunes en nuestro país, así lo reflejan los hallazgos de la Encuesta Nacional de Empleo e Ingresos (ENEI) 3-2017. Esta nos da un panorama de la situación del mercado laboral de nuestra nación y también presenta un módulo específico de juventud. La ENEI 3-2017 es la entrega final del ciclo de investigaciones del Programa de Empleo Juvenil, el cual inició en 2016. Como lo explica dicho documento, estas encuestas vienen a “enriquecer el bagaje de información nacional” para así poder tomar mejores decisiones que ayuden a transformar nuestra nación. Esperemos que así sea.

Los hallazgos de la ENEI 3-2017 nos comprueban que somos un país joven con muchísimas oportunidades de crecer, pero con grandes obstáculos que sobrepasar. Hoy la población joven se constituye como el grupo mayoritario en la pirámide demográfica, y la tendencia continuará así durante los próximos 20 años. Sin embargo, este bono demográfico no está siendo aprovechado al máximo. La mayoría de jóvenes de nuestro país carece de la capacitación y formación adecuada para tener un empleo. De acuerdo con el Ministerio de Trabajo, en Guatemala existen aproximadamente 800 mil “nini’s”, es decir jóvenes que ni estudian ni trabajan.

Según los datos de la ENEI 3-2017, el 73.3 por ciento de la población ocupada entre 15 y 29 años no tiene un contrato de trabajo formal, por lo que no tiene acceso a prestaciones de ley, seguro social y demás beneficios. En cuanto al nivel de escolaridad de esta población, 46.1 por ciento posee el diversificado incompleto, el 16.5 por ciento no terminó la primaria y únicamente 1.2 por ciento estudió un nivel superior.

La realidad es que nuestros jóvenes no están preparados para el mundo laboral. El estudio de Brechas de Talento de Fundesa también lo evidencia. Según este, no existe suficiente recurso humano calificado y la capacitación técnica no llega a quienes más la necesitan a la escala que requieren. Las oportunidades de trabajo mejor remuneradas se están dando en sectores que exigen competencias más sofisticadas y mayores niveles de experiencia. Entonces muchos de estos jóvenes, con cierta preparación académica, caen en la informalidad, generándoles frustración y desfase del sistema educativo. Por si eso fuera poco, la mayoría de jóvenes en áreas rurales no cuenta con oportunidades para crecer cerca de sus casas, ya que los empleos están focalizados en áreas urbanas.

Entonces, ¿qué podemos hacer? ¿cómo le cambiamos el panorama a esta jovencita que tanto se esforzó para sacar un título universitario y a toda esta generación de jóvenes guatemaltecos? Una posible medida es vincular la formación vocacional y técnica, con inserción laboral temprana a través de programas de aprendices y practicantes. Por otro lado, también es importante fortalecer el aprendizaje por proyecto en los centros educativos del país, en este los estudiantes lidian con un problema de la vida real y trabajan un proyecto para resolverlo. Pero, como he mencionado en otras columnas, lo más importante es impulsar una agenda de activación económica que, sobre todas las cosas, beneficie a los jóvenes de nuestro país. Como sociedad, debemos definir esto como único objetivo y así acelerar la generación de empleo digno. ¿Qué pasaría si volcamos todos nuestros esfuerzos hacia esta prioridad? ¿Si evaluamos todas las propuestas bajo ese prisma? ¿Si usamos esa causa unificadora como base inicial para dialogar como sociedad? Sin duda los cambios que tanto necesitamos se transformarían en una realidad.

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