Jueves 20 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Migración centroamericana: efecto, no causa

Se estima que más de 4 millones de centroamericanos han emigrado a los Estados Unidos.

— Juan José Micheo Fuentes
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Las migraciones de personas se producen cuando se sufre hambre, violencia, padecen guerras; o son resultado de desórdenes sociales o persecución política, y se materializa con movilizaciones a países que disfrutan mejores condiciones de vida y paz social. Como es bien sabido el triángulo norte en Centroamérica compuesto por las repúblicas de Honduras, El Salvador y Guatemala sufre altísimos niveles de violencia, desmesurado crecimiento poblacional y un marcado retroceso en los índices de desarrollo humano. Causas principales que obligan a las poblaciones a desarraigarse y buscar mejores oportunidades de vida en otros sitios.

Se estima que más de 4 millones de centroamericanos han emigrado a los Estados Unidos, los cuales gracias a los lazos sentimentales a sus orígenes enviaron US$19.4 millardos de remesas familiares en el año 2017 según informe del Consejo Monetario Centroamericano, sin duda uno de los principales motores de crecimiento de nuestras economías. El presidente Trump de los Estados Unidos fiel a sus promesas de campaña sigue insistiendo en tender un muro que los separe de México y una serie de medidas antimigración que apunta a pensar en deportaciones masivas de connacionales con estadía ilegal. Se habla de diferentes cifras del costo de esa barrera y hasta que su inversión será financiada por México. Antes de estar pensando en malgastar US$25.0 millardos; deberían de estar planificando un programa económico integral estilo Plan Marshall, que sirvió para reconstruir Europa después de la Segunda Guerra Mundial, para los estados que conforman la región centroamericana.

Para que un Plan como ese fuera efectivo debe ser libre de cualquier tipo de corrupción, por lo que debería estar a cargo directamente de las autoridades norteamericanas sin pasar por las instancias nacionales. Asimismo, su incidencia dependería en mucho de su cuantía, me atrevería a pensar que podría ser de la mitad del costo del muro. El destino de los recursos se podría dirigir a la construcción de infraestructuras: carreteras, aeropuertos, puertos, ferrocarriles, metros de transportación masiva, gasoductos, redes eléctricas y oleoductos interconectando la región; así como, aportes dinerarios para el fortalecimiento de los sistemas policiacos y judiciales, educación, desarrollo rural y fondos para impulsar el cooperativismo, micro y pequeñas empresas.

Vale la pena traer a colación y cuestionarse, ¿Qué habría sucedido en Europa si no se hubiera contado con un Plan Marshall para reconstituir sus destrozadas economías?, ¿cuántos países habrían caído en regímenes de corte totalitario? Puntos reales que invitan a repensar en estrategias que ayuden a resolver los problemas de fondo y que apuntalen las endebles economías de estos países impulsando su crecimiento económico de forma exponencial, reduciendo la pobreza y la inseguridad y el consecuente éxodo migratorio hacia México y Estados Unidos.

Desde la óptica geopolítica, el Istmo está desbordado, su crecimiento económico no alcanza para atajar la pobreza, mucho menos para enfrentar institucionalmente el crimen organizado y las mafias transnacionales del narcotráfico. La región está desestabilizada, y solo el concurso de un Estados Unidos solidario y con ideas innovadoras podría resolver los dramas migratorios que nos aquejan. Se necesita un espaldarazo con una nueva Ley de Migración en ese país y no medidas que insultan la convivencia entre naciones vecinas. No al muro, sí a la creación de empleo, inversión y mejores condiciones de vida para las poblaciones de la región centroamericana hoy privada de comida, salud y educación.

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