Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

En el aniversario de la fundación de la Iglesia Católica

Meditación para cristianos.

— Gonzalo Asturias Montenegro
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La Iglesia Católica fue fundada tras jornadas de oración; y con evidentes manifestaciones físicas de la presencia del Espíritu Santo. ¡Aquello fue impresionante! Ocurrió hace 1985 años, en la Fiesta judía de Pentecostés que, según el calendario lunar judío, este año correspondió al pasado domingo 20 de mayo.

Según el relato bíblico, los apóstoles y discípulos de Jesús y algunas mujeres, entre ellas la Madre de Cristo, mencionada expresamente, se reunían a orar. En una de estas ocasiones, que fue en el año 33 de nuestra era, ocurrió la venida del Espíritu Santo. Este es el relato bíblico “Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos con un mismo objetivo. De repente, vino del cielo un ruido como de una impetuosa ráfaga de viento, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron, y que se posaron sobre cada uno de ellos. Entonces quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en diversas lenguas, según el Espíritu les concedía”. (Hechos, 2, 1-4). Luego, el relato dice que “Pedro, presentándose con los Once, empezó a predicar”. (Hechos, 2, 14). A partir de ese momento, la Iglesia empezó a actuar como tal.

Fue Pedro el que llevó la voz cantante porque todos los apóstoles sabían que Jesucristo le había dicho: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los cielos”. (Mt. 16,18).

Jesús dijo a Pedro “mi Iglesia”, no dijo mis iglesias, porque bíblicamente la Iglesia de Cristo es Una, edificada sobre Pedro, que es la roca, con una misma predicación ayer, hoy y siempre y en todos lados, pues hay “una sola fe”. (Efesios, 4, 5)

Como pronto surgieron, aún en el tiempo de los Apóstoles, otras predicaciones distintas, San Pablo escribió: “Me maravilla que tan pronto hayáis abandonado al que os llamó, por la gracia de Cristo, para pasaros a otro evangelio. No es que haya otro, sino que algunos os están turbando y quieren deformar el evangelio de Cristo. Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado ¡sea maldito! Os vuelvo a repetir lo que ya tengo dicho: si alguno os anunciara un evangelio distinto del que habéis recibido ¡sea maldito!” (Gálatas 1, 8-11). Unas palabras muy duras dichas para ayer, para hoy y para siempre.

Pronto, a la Iglesia se la llamó católica, que quiere decir universal, precisamente para diferenciarla de las distintas sectas, generalmente locales, que proliferaron en los primeros tiempos del cristianismo, lo cual ha seguido igual a lo largo de estos 1,985 años de su existencia. La Iglesia es universal porque tiene la misma predicación en todas partes del mundo e igual en todos los tiempos: es siempre igual en la fe, no así en los aspectos disciplinarios que pueden cambiar, y que, de hecho, van cambiando con el tiempo.

La fe de la Iglesia es una, independientemente de quienes la prediquen, muchos de los cuales, si tuvieron una conducta reprensible, se habrían condenado. Los Papas son los legítimos sucesores del apóstol Pedro, y se conocen todos los nombres de la sucesión histórica de los mismos, hasta la fecha. Los obispos son los sucesores legítimos de los apóstoles.

Por todo ello, se puede decir que Iglesia Católica no es bíblica sino apostólica, porque hubo Iglesia antes de que estuviera escrito el primer libro del Nuevo Testamento. ¡Hubo Iglesia sin los Evangelios y sin las cartas de los Apóstoles! Previo a su ascensión a los cielos, Jesucristo dijo: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura” (Marcos 16, 15); Jesús no dijo id y escribid la Biblia, sino predicad, predicación que también se conserva en la tradición, que San Pablo ordenó que había que mantener. Después de la resurrección, Cristo dijo a los apóstoles: “Recibid el Espíritu Santo. Aquellos a quienes perdonareis los pecados les serán perdonados, y a quienes se los retuviereis les serán retenidos…” (Juan, 20, 23). “Y estad seguros que yo estaré con vosotros, día tras día, hasta el fin del mundo”. Como los Apóstoles morirían, Cristo estaría con sus sucesores legítimos hasta el final de los tiempos; así la presencia de Cristo en la Iglesia Católica es bíblica.

La fe básica de la Iglesia Católica está resumida en el Credo, siendo el más breve el llamado de los Apóstoles y uno más extenso producto de los Concilios de Nicea (año 325) y de Constantinopla (año 381). Dice el Credo de los Apóstoles: Creo en Dios Padre, todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María siempre virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos y resucitó al tercer día, y está sentado a la diestra de Dios Padre todo poderoso, y desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos; creo en el Espíritu Santo; en la Santa Iglesia Católica; la comunión de los santos y la vida perdurable. Amén.

Bueno, concluyo con una experiencia personal mía que me sacudió en extremo. Estando en Roma, en la Basílica de San Pedro, supe y verifiqué que el altar en el que el Papa celebra la Misa está exactamente sobre la tumba del apóstol Pedro. Lo que me estremeció fue el pensar que las palabras de Cristo de que Pedro sería la piedra sobre la que edificaría su Iglesia, ya no era solo un asunto espiritual y místico aunque real, sino también (y aunque quizá sea más allá del sentido estricto de las palabras de Cristo), también físico. Arriba de las columnas, de la nave principal, se lee en griego y latín las palabras de Jesús de que fundaría su Iglesia sobre Pedro, la roca. Mi espíritu se derrumbó, y volvió a decir: –¡creo! Con San Agustín, digo hoy: Credo ut intelligam et intelligo ut credam. Mucho que repensar hoy con ocasión del aniversario de la fundación de la Iglesia Católica, hace 1,985 años. Ad maiorem Dei gloriam.

gasturiasm@gmail.com

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