Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

El sentido vital de la muerte

Es también el sentido final de la vida.

— Mario Roberto Morales
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A Gandhi se le atribuye haber aconsejado “Vive como si fueras a morir mañana. Aprende como si fueras a vivir para siempre”.

La primera parte de la sentencia nos insta a abrazar el devenir de nuestras vidas sin reservas. Si nos tocó la dificultad, pues a asumirla con plenitud en vez de renegar de ella. Lo cual no implica aceptar todo fatalmente. Al contrario, supone desplegar los máximos esfuerzos por hacer realidad lo que nos proponemos. Porque si nos vamos a morir mañana, nos daremos prisa en cambiar aquello que no nos parece bien en nosotros y en la sociedad, lo cual da sentido a nuestra vida. En esto, Gandhi nos dio un sonoro ejemplo. Vivir a tope supone no dejar para mañana lo que se puede hacer hoy ni endosarles a otros la responsabilidad de superar lo que individualmente nos disminuye, y mucho menos la lucha por rectificar lo que está mal en nuestra sociedad. Implica decir siempre sí a la vida. Como lo expresó Otto René Castillo al escribir “Nada podrá contra la vida. Y nada podrá contra la vida porque nada pudo jamás contra la vida”, refiriéndose a que el principio vital (el amor) es el que rige la existencia y le da sentido a la muerte, esa que Gandhi propone situar mañana a fin de vivir el amor hoy intensamente. Habiendo entendido esto, y haciéndose eco del verbo de Otto René, Luis de Lión plasmó estas palabras en su “Epitafio”: “¿Por qué se empeña la muerte en matar, vanamente, a la vida, si la más humilde semilla rompe la piedra más fuerte?” La vida siempre triunfa. Por eso, para Gandhi, resulta absurdo posponer su chispa para mañana, pues ¿qué sentido tiene morir en vida antes de morir de veras?

La segunda parte de la sentencia gandhiana nos remite al manido (pero no por eso inútil) consejo de jamás dejar de aprender. Pues, como se puede observar en los moribundos, uno aprende de su propia experiencia hasta en el lecho de muerte. Allí se nos revelan errores cometidos y sobreviene la aceptación indispensable para irse de aquí en paz. Y quizá lleguemos a comprender allí también el sentido que han tenido nuestros sufrimientos y frustraciones. Aprender hasta el final. No sólo de los libros y las palabras, sino también de las actitudes de los demás, ya sea para seguirlos o para oponerse a ellos. Ay de aquel que sienta que lo sabe todo, aunque sea de una pequeña parcela de la realidad. Ay de aquel que se perciba situado por encima de la mayoría sólo porque tiene un título universitario o un puesto público, o porque posee más dinero que los demás o es físicamente más bello que quienes lo rodean. Ay de aquel que no pueda mezclarse entre la gente como un igual entre iguales y se niegue a comunicarse con los demás en el más rotundo plano horizontal. Es admirable entonces quien empiece a estudiar en su vejez o intente realizar lo que no ha hecho y siempre le interesó hacer. O el que asume con entusiasmo las tareas que le toquen en suerte sin “pasarles la estafeta a los jóvenes”, lo cual es un pobre pretexto para morir en vida sin asumir nada más que el miedo en vez del amor a uno mismo y al prójimo. Allí están Gandhi, Otto René y Luis para probar con su ejemplo que esto no sirve porque paraliza y anula la vida.

Actuemos hoy porque vamos a morir mañana y porque entre hoy y mañana hay mucho que aprender de nosotros, de los libros y de los esfuerzos de otros individuos y pueblos. Démosle un sentido final a nuestras vidas dándole un sentido vital a nuestras muertes.

www.mariorobertomorales.info

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