Jueves 20 DE Septiembre DE 2018
Opinión

El rincón de Casandra

L ’Italia fara da se

— Jacques Seidner
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Italia moderna surgió del referéndum del 2 de junio de 1946 en que la República fue proclamada, desestimándose así el régimen monárquico. Esta preferencia fue el resultado de la política exterior pro-alemana de Mussolini, que fue tolerada por el Rey de Italia y que terminó con la derrota del eje Berlín-Roma durante la Segunda Guerra Mundial. El rey desconsiderado por su pueblo, abdicó y salió al exilio.

La historia de la monarquía italiana se había iniciado unos cien años antes con la lucha de patriotas en busca de la unidad nacional y su intento por echar fuera del territorio a las diversas fuerzas extranjeras que ocupaban la península. La independencia y la unidad italiana respondía también al sentimiento de un siglo XIX que expresaba la supremacía de las nacionalidades.

El sobresalto independentista guiado por Carlos Alberto de Saboya de 1849, había terminado con su derrota frente a los austriacos y la fórmula “L ’Italia fara da se” se había definitivamente hundido en el campo de batalla de Novare. Vittorio Emanuele II toma la sucesión de su padre, llevando en su bagaje al hombre político más notable de Europa de ese momento. Camilo de Cavour es un personaje con un sentido agudo de lo posible. Entra a la política por vía del periodismo, al crear un diario “Il Risorgimento” en Turín, su ciudad natal. De ello a tornarse ministro del joven rey de Cerdeña, Vittorio Emanuele II, no había sino dar un paso más y así lo fue el 4 de noviembre de 1852.

Este hombre que desborda de sentido común y energía fría, es sostenido por un patriotismo a toda prueba Al igual que Bismark y Disraeli, Cavour será un ejemplo más de una personalidad dominante que logra cambiar el giro de la Historia. Su designio es la unidad italiana. Su habilidad y persistencia lo permitirá. Él sabe que la unidad no se hará sola y busca apoyos en Europa. Francia, de Napoleón III, está preparada para ello. Cavour se entrevista con el Emperador de los franceses en Plombieres (1858) y acepta para obtener su apoyo, todas las condiciones exigidas por Napoleón III pensando, quizás, en no cumplirlas más tarde. Y si bien es cierto que Francia obtuvo Niza y Saboya a cambio de sus victorias militares de Magenta y Solferino (1859), que permitieron expulsar a los austriacos de Italia, el resto de los acuerdos políticos suscritos con Napoleón III, fueron olvidados –Cavour habiendo fallecido en 1861– por Vittorio Emanuele II que se declaró Rey de Italia en 1861 y anexó Venecia en 1866.

Hoy 150 años más tarde y a pesar de los contratiempos históricos –¡qué nación no los ha tenido!–, la unidad italiana persiste y progresa. Cavour habrá cumplido a cabalidad con su cometido, y merece sin duda el reconocimiento de Italia.

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