Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
Opinión

De vuelta al proteccionismo

Trump ha amenazado con gravar las remesas familiares.

— MARIO FUENTES DESTARAC
Más noticias que te pueden interesar

El proteccionismo es la política económica que dificulta la entrada en un país de productos extranjeros que hacen competencia con los nacionales. Los impuestos a la importación (aranceles) y las barreras invisibles (no arancelarias) son los mecanismos tradicionales para restringir y limitar el ingreso a un país de mercancías extranjeras.

La justificación de la adopción de una política proteccionista es que los consumidores, por razones de precio o de falta de productos extranjeros alternativos en el mercado doméstico, forzosamente adquieran los bienes producidos por empresas nacionales, lo que, en teoría, garantiza la supervivencia de las mismas, así como de los puestos de trabajo que ellas proveen. De suerte que el proteccionismo tiene la connotación de una estrategia nacionalista.

El “comprar nacional”, en el mundo globalizado actual, había venido perdiendo legitimidad y fuerza, porque, en muchos casos, aunque la propietaria de la marca sea una empresa nacional, el producto a la venta es desarrollado y fabricado por trabajadores intelectuales y manuales de otros países.

Por otro lado, si bien las barreras arancelarias y no arancelarias pueden aliviar temporalmente a los productores nacionales, y conservar empleos, inexorablemente provocan que en el mediano y largo plazos dichos productores se vuelvan menos competitivos en el mercado mundial, lo que reviste una grave amenaza para su permanencia.

No obstante, la desaceleración o el estancamiento conllevan, además de pérdida de puestos de trabajo, dificultades en la generación de empleo, por lo que, bajo estas condiciones económicas, es común que las organizaciones de trabajadores presionen a favor de la adopción de regímenes proteccionistas y, luego, propugnen por la restricción del libre comercio.

Actualmente, en EE. UU. y Europa, dada la necesidad de rehabilitar empresas alicaídas y contrarrestar el desempleo en ciertos sectores económicos, se han venido fortaleciendo los movimientos nacionalistas, empresariales conservadores y sindicalistas que propugnan por la restricción del libre comercio, bajo el supuesto de que este promueve el desarraigo o la supresión de empresas, por razones de costos, y destruye fuentes de trabajo. Asimismo, se están endureciendo las actitudes en contra de las migraciones o del libre flujo de personas, porque presuntamente restan oportunidades de trabajo a los nacionales. El éxito del ‘brexit’ en Gran Bretaña y la deportación masiva de inmigrantes en EE. UU. son ejemplos elocuentes de esta actitud contestataria.

Luego, los denostadores del libre comercio están presionando por la cancelación o renegociación substancial de los términos de los tratados de libre intercambio de mercancías, y han venido condicionando su apoyo político y electoral con miras a lograr este objetivo. En EE.UU., el presidente Donald Trump ha venido elevando las barreras arancelarias para los productos importados provenientes de algunos países (China, Unión Europea, México, Canadá, Rusia), con la doble finalidad de, por un lado, favorecer a los productores estadounidenses y, por otro, consolidar posiciones electorales de cara a los comicios legislativos que se celebrarán en noviembre de este año.

Por tanto, no debería sorprendernos que el Gobierno estadounidense, además de aumentar las deportaciones masivas de inmigrantes indocumentados que viven en EE. UU., eleve las barreras arancelarias y no arancelarias para las exportaciones centroamericanas y solicite la renegociación del DR CAFTA.

Finalmente, debe tenerse presente que el presidente Trump ha amenazado con gravar impositivamente o complicar el envío de las “remesas familiares”, es decir los dineros que los inmigrantes en EE.UU. transfieren a sus familiares en sus países de origen.

 

Etiquetas: