Martes 19 DE Marzo DE 2019
Opinión

Peligroso futuro económico

— editorial
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No hace falta esperar a que ocurra un cataclismo para tomar medidas preventivas; en aquellos casos en donde existe la posibilidad de evitar que el colapso ocurra, más importante resulta todavía tomar medidas correctivas. Nadie pone en duda lo positivo que resulta mantener la inflación bajo control, el tipo de cambio relativamente estabilizado, el déficit fiscal en niveles manejables y el crecimiento económico en valores positivos. Sin embargo, contentarse con estos resultados, adoptando la actitud que los norteamericanos describen con aquella frase de “no news, good news” o la que adoptamos nosotros cuando decimos que “las malas noticias viajan solas”, resulta un engaño y una actitud negligente y temeraria ante los riesgos potenciales que afronta el país en materia económica. La actitud adoptada por la banca central durante los últimos años cada vez más se asemeja a la que describen las dos frases anteriores; la actitud de alguien que, sabiendo que algo malo puede ocurrir, prefiere evitar afrontar el problema esperando que el mismo se disuelva por sí solo.

Bastaría con que las autoridades del central vieran un poco más allá de las cuatro paredes de donde laboran para darse cuenta de los problemas económicos reales que está sufriendo el país, problemas que seguramente no se reflejan de manera inmediata y adecuada en el tablero de indicadores que de manera continua vigilan docenas de bien pagados funcionarios. Argumentar, escudados en mantos de pureza, que la molestia, preocupaciones y quejas de la comunidad empresarial y de inversionistas acerca de la crisis económica que vive el país no se refleja plenamente en sus variables de seguimiento, constituye un costosísimo error, que el país podría pagar muy caro en poco tiempo. Sostener que la economía marcha bien en función de la estabilidad de un conjunto de indicadores reales, monetarios y financieros, sin duda importantes, es lo que el pensamiento sistémico llama “desplazamiento de la carga”: no afrontar verdaderamente las causas del problema, sino tomar soluciones o remedios que mantienen la situación bajo control en el corto plazo pero que pueden resultar fatales a mediano y largo plazo. Se reconoce que no corresponde al banco central promover muchas de las reformas económicas que el país necesita. Sin embargo, no promover la voz de alerta acerca de la gravedad de los problemas económicos del país, metafóricamente hablando, constituye lo que en otros ámbitos llaman “omisión de denuncia”.

 

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