Jueves 19 DE Septiembre DE 2019
Opinión

La independencia judicial

Antídotos y anticuerpos.

Fecha de publicación: 01-06-18
Por: alvaro castellanos howell

En días recientes, una de las noticias con más cobertura en todos los medios, ha sido la denuncia de ciertas presiones que está padeciendo la Jueza Erika Aifán, Jueza de Mayor Riesgo.

Estoy seguro que si fue designada para juzgar casos de alto impacto, en la coyuntura que se viene viviendo en los últimos años, es porque la Corte Suprema de Justicia la reconoce precisamente por su independencia, imparcialidad, honestidad, preparación y trayectoria.

Por lo tanto, es muy poco probable, sino improbable, que lo que viene denunciando, sean hechos infundados.

Ciertamente, no deja de consternarse uno por el drama humano en el caso Bitkov, pero los hechos probados, son la verdad judicial.

Sin embargo, el tema subyacente de todo esto, es mucho más serio. Me refiero a la independencia judicial.

¿Sabía usted que ella no es un privilegio o atributo de los jueces en sí mismos, sino es, ni más ni menos, un derecho de los ciudadanos? Es, por decirlo de otra forma, una garantía en pro de los gobernados para el correcto funcionamiento del Estado constitucional y democrático de Derecho.

Su función es asegurar una justicia accesible, eficiente y previsible. Más aún, cuando hoy por hoy ha quedado claro que los jueces tienen un rol significativo en nuestra vida en sociedad.

No me canso de usar una metáfora prestada, que equipara al sistema de administración de justicia con el sistema inmunológico de un cuerpo.

Todos tenemos claro qué le pasa a nuestro cuerpo si ese sistema no nos funciona. Y en la cúspide de las imprescindibles condiciones para que el sistema de justicia funcione, está su independencia.

La imparcialidad también es necesaria (esa condición que permite juzgar o proceder con rectitud, por ausencia de criterio anticipado).

Pero al parecer, en un país como el nuestro, que está transitando de los jueces-estatua o jueces-robot, a los jueces vivientes, se requiere que todos, absolutamente sin excepción alguna, defendamos la independencia judicial.

Esta es una obligación ciudadana.

Si alguien cree que este tema no le incumbe, está seriamente equivocado. Sin los anticuerpos y antídotos contra el abuso del poder, la tiranía, la opacidad, la corrupción, y la irresponsabilidad, por mencionar tanto solo algunos flagelos que nos han azotado por años, nuestra sociedad seguirá “enfermándose” crónicamente.

Y esos antitóxicos tienen como componente activo indispensable a la independencia de los jueces.

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