Domingo 21 DE Abril DE 2019
Opinión

Consecuencias del nocivo discurso de Trump

Estados Unidos y el nocivo discurso de Trump criminaliza la migración indocumentada por razones de política interna.

— Marcela Gereda

Dejarlo todo. Partir. Ser violadas. Ser deportadas. Volver a intentar. Cruzar la frontera se vuelve muchas veces aquí la única opción para tantas mujeres excluidas de cualquier empleo digno. Sus vidas marcadas para siempre por aquellas vidas de los que se fueron y desaparecieron en el camino. Sus vidas determinadas por una economía en la que no se vive, se sobrevive.

 “Me voy porque aquí no se puede vivir, a probar suerte, allá me espera mi esposo, luego, si Dios quiere, mandaré a traer a mis hijas”, dice Yesenia.

El miércoles pasado la Patrulla Fronteriza de EEUU disparó contra Claudia Patricia González, de 20 años, originaria de San Juan Ostuncalco. Su delito: soñar con una vida mejor.

El discurso anti-migrantes de Trump está teniendo sus efectos en la vida de los migrantes indocumentados. Y, sin embargo, como instinto de supervivencia, la gente se sigue yendo, es la vida misma buscando la vida.

Hay estudios que muestran cómo todo este discurso de odio y criminalización de los migrantes y de lucha contra los flujos migratorios indocumentados es una terrible y peligrosa hipocresía ya que son los migrantes quienes sostienen en gran medida parte de la economía norte americana.

Después de que las autoridades estadounidenses estuvieron viendo cómo el flujo de migrantes fue aumentando de manera constante en los últimos años, y no hicieron nada al respecto. Y es solo ahora que alcanzaron un nivel mayor, que Washington decide utilizar pretextos para reforzar más aun su frontera y obligar a los gobiernos de México y de Centroamérica a implementar –bajo control remoto– los esquemas de seguridad diseñados, implementados y co-financiados por Estados Unidos.

Probablemente quien le disparó a Claudia era un latino o un chicano. Es decir, que ese discurso de odio hacia el migrante proveniente de la cabeza política del mundo y compartido y asumido por gran parte de la población, ha permeado el imaginario de los latinos y se va convirtiendo así en una guerra entre hermanos ¿qué sentido puede tener balear a una chavita indefensa?

Estados Unidos y el nocivo discurso de Trump criminaliza la migración indocumentada por razones de política interna, pero calla que sus más de 12 millones de indocumentados –entre ellos poco más de un millón de guatemaltecos– son la base de su economía, de su agricultura, de su industria, y del confort de vida de centenares de miles de hogares sin la cual no podrían funcionar un solo día.

Asumir el discurso de control migratorio –en lugar de la exigencia de los derechos de los migrantes– no puede ser sino un cinismo político que no solo da la espalda a la población, sino refuerza la dependencia al estrechar la mano de quienes imponen políticas restrictivas y manejan este país como su traspatio.

El peligroso y deshumanizado discurso de Trump y de la sociedad en general anti migrantes está teniendo sus efectos nocivos sobre nuestra población y en ello aquí no hay ni una derecha ni una izquierda capaz de elaborar un plan económico que busque incluir a la población marginal y potencialmente migrantes indocumentados en población laboralmente activa con salarios justos y dignos.

¿Qué dice sobre esta sociedad un sistema corrupto en el que estamos inmersos todos en una economía basada en la concesión de privilegios, una economía de monopolios en la que no hay igualdad de condiciones, y en la que la realidad ya demostró que la teoría del derrame es un engaño inventado por los que tienen para quitarse culpas y responsabilidades?

Si fuéramos sinceros con nosotros mismos saldríamos de ese letargo que nos atraviesa para empezar a ver y aceptar que el sistema que intentamos transformar somos nosotros y que un candidato que responda a las necesidades económicas reales de la población tendría que tener un plan económico para incorporar a las mayorías al empleo digno y justo. Ese plan económico no lo tiene ni la derecha ni la izquierda.

Mientras, la gente en el afán de crear horizontes de esperanza, seguirá migrando e inventándose la vida como pueda a pesar de las políticas migratorias y a pesar de nuestra economía de monopolios. Ojalá en ese afán de darle cuerpo al porvenir, no haya más mujeres ni hombres como Claudia Patricia, víctimas de los discursos de odio y de la falta de oportunidades laborales para una población joven y marginal.

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