Domingo 18 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Claudia Patricia Gómez González

La muerte de Patricia es consecuencia de la política de un Presidente racista.

— María Aguilar
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El miércoles pasado, un agente de migración mató en Laredo, Texas, de un disparo en la cabeza a Claudia Patricia Gómez González, una joven mam de 20 años, quien había migrado hacia los Estado Unidos. La oficina de prensa de ese país la describe como “assailant”, o sea, una agresora. Pero Claudia no era ni agresora ni delincuente, por el contrario, era una joven nacida con la maldición que Guatemala le impone a sus ciudadanos, especialmente si son indígenas y mujeres. Y es que, aquí ser mujer e indígena rural  es nacer con una condena a la que vienen atadas inequidades de clase, etnia y género, y que se cargan por el resto de la vida.

En Guatemala no existen medidas estructurales que busquen modificar las exclusiones que afectan a los diversos pueblos indígenas. Por eso, en algunos departamentos el 83 por ciento de pueblos indígenas viven en condición de pobreza y pobreza extrema. Y aunque aproximadamente el 80 por ciento de la niñez indígena accede a educación primaria, este porcentaje disminuye en la secundaria, no digamos en la universidad. Esto sin agregar la pésima calidad de la educación que se imparte por maestros que no enseñan y que amparados en el sindicalismo incumplen con los valores y principios del magisterio.

A nivel de país, la inserción de mujeres indígenas al mercado laboral, aunque ha mejorado, sigue siendo un reto. Las mujeres son obligadas a abandonar sus comunidades y migrar a la capital, muchas veces en condiciones de servidumbre y explotación extrema. En otros casos, son presionadas para abandonar su vestimenta regional y “ladinizarse”.

Entonces, el único camino de sobrevivencia para la juventud es perseguir el mal llamado “sueño americano.” Por eso, construir país implica que los sueños se cumplan en nuestra tierra y que sean para todos.

La muerte de Patricia es consecuencia de la política de un Presidente racista, que se ensaña contra los migrantes, que sostienen la economía de Estados Unidos al mismo tiempo la de sus países de origen. Pero también hay responsabilidad del Estado de Guatemala, que es incapaz de proveer condiciones dignas de vidas para la juventud.

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