Sábado 19 DE Enero DE 2019
Opinión

Al borde de la realidad

Seguir soñando hasta abolir la falsa frontera entre lo ilusorio y lo tangible.

— Luis Fernando Cáceres
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Existen personas que realmente no aceptan al entorno en el que nacieron como su realidad. Son individuos que llevan por dentro una gran necesidad de moldear  el medio en el que viven. Existe dentro de ellos una profunda conexión  con una idea que les apasiona. Los inunda la convicción de que pueden hacer realidad un escenario que, hasta ese momento, solo existe dentro de ellos.

Julio Cortázar, que sin duda vivió bajo sus propios lineamientos, lo explicó muy bien en una entrevista que le concedió a Alcor en 1964: “Tenemos que obligar a la realidad a que responda a nuestros sueños, hay que seguir soñando hasta abolir la falsa frontera entre lo ilusorio y lo tangible, hasta realizarnos y descubrirnos que el paraíso estaba ahí, a la vuelta de todas las esquinas”.

Es exactamente como lo decía Cortázar, porque el mayor requerimiento de vida que tenemos es precisamente esa obligación a doblegar a la realidad y forzarla a que tome la forma que le permitirá a nuestros sueños, transformarse en algo palpable. Ahí radica la existencia del paraíso. Ese es precisamente el cuestionamiento que plantea Rand: “Pregúntense ustedes mismos si el sueño del paraíso y la grandeza nos tiene que estar esperando en nuestras tumbas, o si debe ser nuestro aquí y ahora, y en esta tierra”.

La vida debe ser el resultado de nuestros subsecuentes esfuerzos por moldear gradualmente nuestra existencia de acuerdo a lo que más nos apasiona. Esa es la versión que acepto de lo que es el paraíso. El paraíso, sin importar si existe o no después de la muerte, debe de existir acá y viene de llevar una vida rodeado de las experiencias, las personas y las cosas que hacen posible la consecución de lo imaginario a lo existente.

Por eso admiro decorosamente a Tyler Brule que hizo de su estilo de vida una profesión y de su trabajo una forma de vida y a Nathan Williams y Karen Mordechai que hicieron, separadamente, de su gusto por un ideal de vida una empresa y, de esa empresa, una forma de existencia. Y a André Balazs que nos enseñó que toda marca requiere contar una historia y a través de las que ha creado nos dio los mejores hoteles del orbe y a Benjamin Clymer que nos mostró la profunda diferencia que hay entre meramente tener cosas en oposición a poseer astutamente tesoros personales. Y, en general, a todos los que han moldeado su entorno de acuerdo a su propia visión: Rosalia Park, Massimo Vignelli, Ludwig Mies van der Rohe, Ronda Rousey, Massimo Botura, Terence Conran, Lara Hedberg Deam…

La parte cardenal de la reflexión de Cortázar radica en el llamado a seguir avanzando hasta invalidar la barrera entre lo imaginado y lo tangible. De hecho, Angela Lee Duckworth, de la Universidad de Pensilvania, ha estudiado los factores intangibles que explican la capacidad de individuos a tener éxito y lo que ha encontrado es que el nivel de empeño que un individuo presenta, resulta ser el mejor indicador de la probabilidad que tiene a superar su posición.

Y, en realidad, es precisamente la tenacidad la característica común que comparten los individuos que han logrado ajustar a la realidad a su propia visión.

Así que sí, el paraíso debe estar a la vuelta de cada esquina y lo estará en la medida que definamos nuestra propia versión de la existencia y obliguemos a la realidad a claudicar su forma y ajustarse a nuestra convicción. Incansablemente, paso a travesía, ilusión a certeza, victoria a victoria, viviendo siempre al borde de la realidad y el siguiente sueño.

 

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