Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Opinión

¡Marco Antonio Vive!

Gracias por la integridad jueces Pablo Xitumul, Elvis Hernández y Eva Recinos.

— Franco Martínez Mont
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Cuando parece que toda la cloaca política es lúgubre, fétida e impune, florece una esperanza concreta, pero también simbólica en materia de derechos humanos, justicia transicional, memoria histórica y verdad para miles de víctimas de un Estado terrorista, corporativizado y lacayo de potencias hegemónicas.

Me refiero a la histórica sentencia del Tribunal C de Mayor Riesgo que por unanimidad, ordenó que Benedicto Lucas García, Manuel Callejas y Callejas y Hugo Zaldaña Rojas deben cumplir una pena de 58 años de prisión inconmutable por los delitos de los deberes contra la humanidad, desaparición forzada y violación con agravación de la pena por la desaparición de Marco Antonio Molina Theissen y el secuestro y violación de su hermana, Emma Guadalupe.

Mientras que, Francisco Gordillo Martínez enfrentará una pena de 33 años de prisión por violación con agravación de la pena y delitos contra los deberes de la humanidad.

Desde 2004 el Estado de Guatemala reconoció su responsabilidad en la desaparición del menor ante la CIDH, quien condenó al Estado y ordenó buscar a la víctima, investigar y sancionar a los responsables materiales e intelectuales del hecho.

Con justa razón, hay que admirar la gallardía, perseverancia, dignidad, ética y responsabilidad democrática de las honorables cuatro damas (Doña Emma Theissen Álvarez de Molina, Emma, Ana Lucrecia y María Eugenia Molina Theissen), mujeres estoicas que por 37 años estuvieron luchando incansablemente contra un sistema judicial, policial y burocrático anclado en la doctrina contrainsurgente, desmantelado por el estamento político rentista y manipulado por las élites finqueras financistas de la política de tierra arrasada y de genocidio.

La familia Molina Theissen encarna la reivindicación del amor, de la justicia social, de la tenacidad, lograron despojarse del miedo ante el hostigamiento psicológico, mediático y político de los grupos de poder para demostrar la culpabilidad de altos mandos militares en crímenes de guerra y evidenciar las siniestras políticas de un Estado fascistoide.

Tras la sentencia por el juicio de genocidio contra ixiles (Ríos Montt), el caso Molina Theissen constituye un hito que fortalece los avances de la justicia transicional, aunque todavía falta mucho camino por recorrer en casos como Sepur Zarco, Creompaz y otros.

Enhorabuena por la familia Molina Theissen, mi respeto y solidaridad con ustedes, son ejemplo vivo de moral, porque tal y como reza el refrán popular: La justicia tarda, pero llega.

framont@gmail.com

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