Lunes 24 DE Septiembre DE 2018
Opinión

¿Qué esperamos de una alianza fructífera?

CDC y UVG celebran cuatro décadas de colaboración.

— Roberto Moreno Godoy
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En 1978, los Centros para la Prevención y Control de Enfermedades de los Estados Unidos de América (CDC) trasladaron una pequeña unidad de entomología médica de El Salvador a Guatemala. Así, un reducido grupo de especialistas en enfermedades tropicales se asentaron en la Universidad del Valle para iniciar un trabajo de investigación y vigilancia epidemiológica. Poco a poco, la unidad fue creciendo e involucrando a más profesores y estudiantes guatemaltecos interesados en este campo. La alianza dio vida a lo que es hoy el Centro de Estudios en Salud de la UVG (CES), un centro de excelencia dedicado a la investigación y a la formación en salud pública, que contribuye al bienestar de la población centroamericana. El mismo involucra en la actualidad a cerca de 300 personas, que forman parte de un equipo multidisciplinario. Luego de cuatro décadas, la universidad sigue cooperando con CDC en importantes proyectos en el Istmo centroamericano. Además, el CES ha abierto espacios de colaboración con muchos otros socios.

La alianza entre UVG, CDC, los Ministerios de Salud Pública de la región y diversas organizaciones del sector ha dado múltiples frutos. En los últimos 15 años, UVG ha tenido seis acuerdos cooperativos con el CDC, que han generado conocimiento científico: más de 150 publicaciones, más de 300 presentaciones en congresos, alrededor de cien informes técnicos y dos reuniones científicas de dos días completos cada una. Se ha apoyado a las autoridades para la toma de decisiones, a través de la participación en comités de expertos a nivel local y global. Se ha contribuido en la mejora de los programas de control en Guatemala, avanzando hasta la declaración de erradicación de oncocercosis, la interrupción de la transmisión de la enfermedad de chagas y la reducción de malaria a pequeños focos, habiéndose afianzado las capacidades entomológicas como herramientas de intervención y evaluación. Se ha fortalecido el diagnóstico y vigilancia de enfermedades infecciosas, incluyendo la leishmaniasis y 40 etiologías adicionales, y detectado enfermedades de origen animal que afectan a los humanos –como leptospirosis. Mediante estrategias mejoradas de vigilancia, se ha generado información crítica para guiar las políticas nacionales de prevención y control de enfermedades y programas de vacunación, incluyendo influenza, neumococo, bordetella, y rotavirus. Se han detectado patógenos emergentes con potencial epidémico como influenza H1N1, chikungunya, y zika. Incluso se han descubierto nuevos patógenos a nivel mundial (Virus de influenza H17 N10 en murciélagos). Se ha aportado evidencia para documentar y contener la epidemia de VIH en Guatemala y el resto de la región centroamericana, habiéndose diseñado estrategias innovadoras de vigilancia y prevención. Se ha contribuido a la formación de técnicos y expertos en epidemiología de campo y aplicada, habiendo sido reconocidos por el desarrollo de currículo basado en competencias y cursos a distancia. En síntesis, la alianza con CDC ha permitido hacer una diferencia para mejorar la salud pública en América Central y en el Caribe, y así contribuir a su desarrollo. Hace unos días, aprovechando la visita desde Atlanta de la doctora Rebecca Martin, Directora del Centro para Salud Global de CDC, y de Nancy Knight, Directora de la División de Protección de dicho Centro, se llevó a cabo una sencilla pero significativa ceremonia para conmemorar 40 años de colaboración entre CDC y UVG. Se puede afirmar que la alianza ha sido fructífera. Ha desarrollado capacidades en la región y los esfuerzos impulsados son sostenibles.

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