Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Máximo atributo presidencial

De vuelta al tema de la unidad nacional.

— alvaro castellanos howell
Más noticias que te pueden interesar

No sé qué nos pasa. Pero a veces, leemos incrédulamente el texto de las normas constitucionales. Como que fuesen tan solo bellos enunciados desiderativos.

En una anterior columna, quise narrar los antecedentes que, en nuestra crónica constitucional, tiene el atributo delegado a la figura del presidente de la República.

Me refiero al más alto y extraordinario atributo: representar la unidad nacional.

La primera acepción de la palabra unidad en el diccionario de la lengua española, hace referencia a aquella propiedad de cualquier ser o entidad, que de dividirse o fraccionarse, provoca su descomposición o destrucción.

Así que el representante de una unidad debe luchar porque no se desarticule, no se fragmente, no se separe. Debe estar plenamente dedicado a conservarla y nutrirla.

Cuando la Constitución ordena entonces, en su Artículo 182, que el Presidente representa la unidad nacional y que debe velar por los intereses de toda la población, ello quiere decir que, el cargo del más alto dignatario de la nación tiene que ejercerlo aquella mujer o aquel hombre que jamás anteponga, jamás, sus intereses personales, como fundamento para tomar cualquier decisión.

En todo caso, si sus intereses son coincidentes con los de las grandes mayorías, podría decirse que solo entonces, puede ejercer sus funciones de manera coincidente con sus propios deseos.

Si usted cree que estoy siendo idealista, lea usted este fragmento de una sentencia de la Corte de Constitucionalidad que interpreta esta atribución presidencial: …conlleva, por virtud de lo establecido en la propia Carta Magna, la calidad de representante de la unidad nacional. De ello, que en el ejercicio de ese cargo público… resulta indispensable contar con una trayectoria intachable, que demuestre rectitud en el ánimo de obrar y que por ende, denote una orientación hacia lo justo…” (Exp. 3986-2015).

Sería verdaderamente interesante hacer un “test de legitimidad” de las decisiones que ha tomado el presidente Morales desde agosto del año pasado.

¿Cuántas decisiones presidenciales han sido determinadas recientemente por intereses personales? ¿Cuán consistente está siendo el presidente con la rectitud en el ánimo de obrar, como elemento indispensable en el ejercicio de dicho cargo, según la propia CC?

Quizás la pregunta que debe hacerse a sí mismo el máximo dignatario de la nación es, precisamente, si la está uniendo o la está fragmentando.

Etiquetas: