Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Una ley de apoyo a los pequeños emprendimientos

El proyecto de ley debería contener una serie de novedades que faciliten el inicio, ejercicio y cese de actividades comerciales.

— Juan José Micheo Fuentes
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En diferentes mediciones que se han hecho en Guatemala de la “economía informal” o de muy poca productividad, se estima que tres de cada cuatro personas de la fuerza de trabajo se ven obligadas a desarrollar sus actividades lícitas pero no reconocidas por la ley, sin ningún tipo de protección social y sin mayores aspiraciones a un futuro mejor. Se ha tratado de revertir la informalidad a través de castigos por no pagar impuestos o incumplimiento a ordenanzas municipales y los resultados han sido contraproducentes. A la inversa, lo que procede es otorgar estímulos económicos y facilidades para que los emprendedores y cuenta propia se incorporen a la legalidad, por las múltiples ventajas que ello les significa y para el país.

El sitio de Internet gerencia.com define el concepto de emprendimiento en los siguientes términos: “La palabra emprendimiento proviene del francés entrepreneur (pionero), y se refiere a la capacidad de una persona para hacer un esfuerzo adicional por alcanzar una meta u objetivo, siendo utilizada también para referirse a la persona que inicia una nueva empresa o proyecto, término que después fue aplicado a empresarios que fueron innovadores o agregaban valor a un producto o proceso ya existente”.

 Una ley de apoyo a los emprendedores de las micro y pequeñas empresas se hace necesaria. El proyecto de ley debería contener una serie de novedades que faciliten el inicio, ejercicio y cese de actividades comerciales. Entre las limitantes que obstaculizan la formalización de la economía sumergida se encuentran reglamentaciones gubernamentales que hacen difícil su cumplimiento. Entre ellas, la normativa impositiva. Para obviar esas cortapisas se necesita simplificar los trámites gubernamentales y desburocratizar. En Argentina crearon un tipo de empresa de capital simplificado que permite a través de Internet inscribirse en el registro de sociedades y de tributos en 24 horas.

La propuesta debería contener entre los alicientes la inscripción de los pequeños emprendimientos a un costo preferencial en la seguridad social y la creación de un régimen impositivo de tasa única (que podría ser algo cercano a un tres por ciento de las ventas, lo que reduciría la economía sumergida y ampliaría la base de contribuyentes). Además, de la constitución de fondos de capital operados por la banca, sistema de garantías recíprocas para la obtención de créditos, capacitación en institutos técnicos, como Intecap, asesoría en encadenamientos productivos e internacionalización; así como, alianzas con universidades que promueven el emprendimiento y la innovación.

En el Talent Land celebrado recientemente en México, su directora Sharon Flores Jiménez, afirmaba que para que un emprendimiento resulte positivo y factible “requiere de la participación de cuatro instituciones: el gobierno, para que impulse y permita los desarrollos; la academia, para que pueda crear planes de estudio y espacios en las aulas que permitan que los jóvenes estudien y desarrollen innovación tecnológica; los empresarios, para que inviertan y apuesten en esos emprendimientos; y la comunidad, para que se integre consumiendo los productos que se deriven de las innovaciones”.

Una normativa en este sentido se hace indispensable en nuestro país para impulsar la creación de nuevas empresas y paulatinamente ir formalizando la economía. De todos es conocido que en los últimos tiempos han habido recortes de personal en las compañías y se esperan mayores deportaciones de nuestros paisanos. Condiciones que hacen imperativo fomentar las pequeñas y medianas empresas. Si en verdad se quiere promover legislación de impacto e inclusión social, acá tienen un buen expediente a desarrollar.

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