Miércoles 21 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La conjura de los necios

“Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios conjuran contra él”. Johnathan Swift (Thoughts on various subjects, Moral and Diverting).

— Edgar Balsells
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El movimiento social había alcanzado un gran desarrollo durante el Gobierno de Laugerud García pero las acciones represivas impulsaron la polarización y la radicalización, al tenor de lo que sucedía en Nicaragua y en El Salvador con el ascenso de los sandinistas y del Frente Farabundo Martí. El activismo indígena también estaba en plena efervescencia bajo el poder de convocatoria de grupos como el Comité de Unidad Campesina.

La reacción a la conflictividad fue una alianza con ciertas iglesias pentecostales, principalmente las del Gospel Outreach californiano, nos lo dicen claramente las investigaciones de la Memoria Histórica; y fue así como se entrelazó una significativa colaboración entre el ejército contrainsurgente y algunas organizaciones religiosas, buscando alejarse de los movimientos católicos de base de los catequistas, que germinaron en el Huehuetenango de los Maryknol.

Ayer, como hoy, no se trata de una lucha entre católicos y evangélicos, ni musulmanes contra mormones: se trata de una lucha de visiones contrapuestas del mundo y de la política, pues tienen más lazos comunes destacados miembros del Opusdeismo ultraconservador católico y sus aliados no católicos que viajaron campantes en avión privado a Israel. Ambos están muy distantes de cualquier evangélico preocupado por los derechos humanos en el país y por la práctica de un cristianismo terrenal protector de los pobres.

En aquellos tiempos el enemigo, dicen los anales, era definido por su potencial amenaza y esta última se concretaba en la masificación y unificación de fuerzas con la participación urbana y rural. Es por ello que reviste importancia el sendo reportaje del The New York Times del domingo que lleva como título “Israel y los evangélicos: la Nueva Embajada y las señales de una alianza creciente”, escrito por David Kirkpatrick, Elizabeth Dias y David Halbfinger, y es que siendo The New York Times el diario del poder judío de Manhattan, ello nos da una idea de las tremendas diferencias entre ellos, como lo es por aquí entre evangélicos entre sí o católicos con visiones contrapuestas.

Como país de quinto patio, comparado en el reportaje con Paraguay y Honduras, como en los tiempos de la Guerra Fría, parecemos no darnos cuenta que lo acontecido la semana pasada cientos de millas allende nuestras fronteras es el desafío y desgarre de la política exterior de los Estados Unidos, entre otros temas por una solución al conflicto de oriente medio por la vía de la fuerza, fuera de los acuerdos de paz; y es por ello que en los actos de inauguración de la Embajada de los Estados Unidos en Israel aparecen algunos líderes religiosos que incluso han proferido frases antisemitas en el pasado. Ello pareciera no importar a la hora de conjuntar esfuerzos para incluso afrontar las amenazas internas, que son abundantes en los propios Estados Unidos, al punto que en un país en donde impera el bipartidismo no se visualizó a ningún líder demócrata de peso en las festividades. Seguimos siendo así una pequeña franja de tierra sin rumbo ni política exterior autónoma.

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