Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Ortega y Maduro: dictadores marrulleros

Nada de lo que sucede hoy en Nicaragua y Venezuela, que tanto celebran algunos en Guatemala, es motivo de orgullo para nadie.

— Hugo Maul R.
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Por un lado, Maduro llevándosela de democrático por haber celebrado unas elecciones marcadas por el ausentismo y la manipulación de principio a fin; por el otro, Rosario Murillo, vicepresidenta de Nicaragua, exigiendo que se respete el “Estado de Derecho”, y; para colmo de males, acá en Guatemala, ciertos grupos políticos radicales afines a la Revolución Bolivariana celebrando la farsa de Maduro y la intransigencia de Ortega como victorias del pueblo que “consolidan la democracia, el desarrollo y la justicia social”. Pretensiones imposibles de comprender para cualquier ciudadano medianamente informado y respetuoso de los derechos fundamentales del hombre y los valores de una democracia liberal. Ya sea que los representantes de las ideas del Socialismo del Siglo XXI sean incapaces de reconocer la inconsistencia de su modelo o que simplemente les importe poco burlarse de sus pueblos y de la comunidad internacional, lo cierto es que nada de lo que sucede hoy en Nicaragua y Venezuela, que tanto celebran algunos en Guatemala, es motivo de orgullo para nadie.

 En el caso de Nicaragua, carece de sentido que la señora Murillo demande que se respete el Estado de Derecho cuando el Índice de Estado de Derecho de 2017 sitúa a Nicaragua en el lugar 99 de 113 países en el mundo; en la región, solamente superando a Honduras, Bolivia y Venezuela. En lo que se refiere a los límites en el ejercicio del poder, Nicaragua ocupa el cuarto lugar de atrás para adelante en el mundo; es decir, es uno de los cuatro países en el mundo en donde menos límites existen para el ejercicio del poder del Ejecutivo; el poder Legislativo y Judicial no cuentan con medios efectivos para limitar el actuar del gobierno; no existen instituciones y procedimientos independientes que obliguen al gobierno a rendir cuentas a la población, tampoco se castigan adecuadamente los abusos de autoridad y las reglas electorales se manipulan para favorecer a quienes tienen el poder.

Respecto de Venezuela es poco lo que se puede decir a lo que ya todo el mundo sabe bien. Mientras la economía se hunde cada vez más, la hiperinflación se acelera, la crisis humanitaria se agudiza y la población emigra en forma creciente, la propaganda oficial pretende hacer creer a su pueblo que la debacle económica es producto de una inhumana “guerra económica”, subterfugio mediante el cual pretenden esconder el fracaso de un modelo económico retrógrado y de un régimen político dictatorial y violador de los derechos humanos. En lo que a Guatemala respecta, resulta muy difícil de comprender que la izquierda ideológica radical demande al mundo, en nombre de Maduro y Ortega, que se respete la vía democrática y el camino de la paz para resolver los problemas en estos países. Este tipo de demandas, así como las del respeto al “Estado de Derecho”, en las circunstancias que viven esos países equivale a demandar a sus pueblos obediencia absoluta a regímenes autoritarios, corruptos, ilegítimos y represores.

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