Miércoles 17 DE Julio DE 2019
Opinión

Adiós Spiegler

Quiso retratar la realidad fuera de un tiempo marcado por las agujas del consumo.

Fecha de publicación: 21-05-18
Por: Marcela Gereda

El miércoles pasado murió en Managua el cineasta guatemalteco Eduardo Spiegler mientras documentaba las protestas contra Daniel Ortega. No fueron solo sus encuadres y su capacidad de atrapar la luz lo que nos cautivó a tantos. Tampoco su lucha por la justicia y por generar conciencia crítica a través del cine. Además de su ojo lúcido y creativo, su pasión indetenible, fue sobre todo su capacidad de abrazar la vida, su corazón genuino y la solidaridad que extendió siempre hacia los otros lo que le hacía un ser único y excepcional.

Le conocí en 2009. Luego coincidimos en el rodaje de una película cuyo actor principal era el actual Presidente al que ya nadie le cree. Eduardo estaba en todo: siempre una palabra amable, siempre un gesto alegre, siempre un abrazo fraternal y solidario para los otros.

Fue un cineasta que dedicó su vida a intentar documentar la realidad compleja en este trópico donde la vida nos puso. En ello sostuvo un gran compromiso con la justicia social y la libertad de los pueblos.

Su proyecto de Pirata TV con el que buscó generar masa crítica, fuera de la manipulación de los medios y la industria del espectáculo. Quiso retratar la realidad fuera de un tiempo marcado por las agujas del consumo. Quiso buscar la esencia del humano, más allá de las pertenencias efímeras e identidades organizadas por la industria del entretenimiento y del consumo.

Realizó importantes documentales sobre arte guatemalteco. Escogió dos artistas excepcionales, verdaderos personajes para retratarlos desde un lente humano y creativo: Marco Augusto Quiroa y Efraín Recinos. Algunas dimensiones de Efraín RecinosQuiroa ayer y hoy. Estos documentales son importantes porque dan cuenta de cómo el arte juega un papel fundamental en la sociedad porque nos acerca a los otros, nos da un sentido de pertenencia y de cohesión.

Eduardo entendió que para apostarle al futuro, había que conocernos y construirnos desde el pasado. Su obra fue una apuesta para transitar este tiempo oscuro con el que se manipula el inconsciente de las masas queriéndonos convertir en autómatas y obedientes consumidores de la nada.

En un mundo como el nuestro, en el que parecemos asistir hacia nuestra propia autodestrucción, su lente quiso apostarle a la esperanza. Abogó siempre por la democratización de la comunicación. También actuó en una de mis películas favoritas hechas en Guatemala, Distancia, del genial cineasta Sergio Ramírez. Spiegler supo siempre ser solidaridad y capacidad de ver y entender a los otros.

Dice la cineasta Anaïs Taracena “el Spiegler fue un ser verdaderamente excepcional, alguien muy transparente, con mucho sentido de lealtad. Un editor comprometido y creativo. Era muy engasado, un todo terreno, se tiraba a donde fuera para agarrar buenos planos”.

Comparto aquí estas palabras del poeta Julio Serrano para Spiegler. Un pájaro en una sala de cine. Sabemos/ que el cine se trata/ sobre todo, de la luz/ Aunque esto,/ en realidad,/ le importe poco/ a un ave que habita/ en un viejo cine/ que pronto será/ un supermercado popular/ o una iglesia evangélica.

El ave sabe todo de la luz/ y sabe todo de la sombra./ Se desplaza discreta/ entre un grupo de manifestantes/ a quienes les lanzan una lacrimógena,/ vuela sutil en un plano del mar/ retratando la llegada de unos barcos extraños,/ se hace niebla el ave,/ una canción de Johnny Cash/ el viejo,/ la erupción de un volcán./ Un día alguien dejó entreabierta/ la puerta de aquel cine desvencijado/ y el ave se coló/ entre las sombras,/ aleteando discreta, como es,/ en las pupilas dilatadas/ de esos seres extraños/ que aún frecuentan las salas/ de la luz y del polvo./ Dicen que es ave nocturna/ y que solo canta/ cuando el cine está vacío”.

Spiegler juntó piezas de este desmadroso rompecabezas del que formamos parte los centroamericanos para dar a conocer y documentar las historias de las que somos producto. Documentó la realidad y fue así también como se convirtió en luz.

Su muerte nos recuerda que la vida es apenas un ratito. Un suspiro. Un chispazo entre dos tinieblas. Van mis condolencias y abrazos para su familia Spiegler Szejner, su compañera Rossana, su hermana Diana, su prima Michelle Szejner y a todos sus amigos y familia extendida.

Gracias Spiegler por no haber dejado de dialogar con los otros y con la realidad sino hasta tu último suspiro. Celebro tu vida, tu imaginación, tu compromiso, tu espíritu libre y la libertad con la que quisiste ver a los otros. Sigue volando alto y en libertad luminosa e indómita estrella. Que el regreso te sea leve y ligero.

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