Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Ataques desde la clandestinidad

— editorial
Más noticias que te pueden interesar

Hemos advertido que algunos canallas han venido aprovechándose de la libertad de expresión de ideas, para atacar, descalificar, difamar y destruir a los comunicadores y periodistas a quienes odian, adversan, recelan, temen o envidian. La insolencia de esta caterva de individuos ruines llega, incluso, al insulto, a la ofensa y a la humillación, con un lenguaje soez, procaz y grosero, que lastiman no solo la dignidad personal de los denigrados, sino que también lesionan la moral pública.

Muchos viles y abyectos se ocultan tras el anonimato y el secretismo malvado, despreciable y degenerado, o sea al amparo de publicaciones clandestinas, cuya difusión, por cierto, está prohibida por el Artículo 8 de la Ley de Emisión del Pensamiento, que dispone: “El autor y el editor de publicaciones clandestinas serán solidariamente responsables y podrá imponérseles una pena hasta de 2 meses de arresto menor, conmutable, en la forma y cuantía prescrita por el Código Penal, sin perjuicio de cualquier responsabilidad legal a que diere lugar el contenido de la publicación. La pena por clandestinidad será impuesta por un Juez de Paz”.

En todo caso, estos canallas se valen de “call centers” o de plataformas informáticas clandestinas para transmitir todo su veneno, odio, rencor, vulgaridad o resentimiento. Otros criminales se escudan en el anonimato o en su estancia en el extranjero, pretendiendo con ello sustraerse de la persecución penal y de la deducción de responsabilidades legales por los daños morales y materiales causados.

En elPeriódico hemos propugnado por la tolerancia y, asimismo, estamos abiertos a la crítica, al cuestionamiento, al señalamiento, a la denuncia e, incluso, a la tacha, todo en aras promover, alentar, garantizar y respetar el libre juego de opiniones, así como el pleno ejercicio de la libertad de pensamiento y expresión.

Sin embargo, constantemente notamos que hay gentuza despreciable que no se dedica a objetar o disentir del contenido de los escritos publicados, sino que, por el contrario, se afana en descalificar, ofender y humillar a sus autores, con la malsana intención de desacreditarlos, intimidarlos o suprimirlos, muchas veces detrás de nombres supuestos, fingidos, apócrifos o usurpados, así como de correos electrónicos con seudónimos o con nombres supuestos, falsos o engañosos. Esto es inaceptable desde todo punto de vista.

Por tanto, reiteramos que es imperativo organizar una defensoría de periodistas y comunicadores, a fin de que, además de defender el ejercicio de la libertad de expresión de ideas y los derechos de los periodistas y comunicadores, investigue y presente denuncias penales contra los responsables de las publicaciones apócrifas, anónimas y clandestinas (impresas, radiales, televisivas, electrónicas, digitales y demás), especialmente aquellas en las cuales solo se vierten insultos, infamias, humillaciones, bajezas, vituperios, perversiones e iniquidades.

Asimismo, alentamos a los ofendidos a que investiguen la procedencia de las publicaciones clandestinas e infamantes, y a que accionen legalmente ante los tribunales de justicia contra aquellos ofensores que sean identificados o sobre averiguar, a fin de que sean debidamente castigados.

Etiquetas: