Miércoles 19 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Oprobio presidencial

Y la buena noticia del cambio.

— Edgar Gutiérrez
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Jimmy Morales soñaba con ser presidente, pero no se preparó. Después de 30 meses en el cargo, no sabe gobernar y es tarde para aprender, sobre todo si no entiende que no entiende. Ni siquiera aprendió el guion. El cómico, para ser tal, debe ser gracioso. Él nunca lo fue. Ahora es un presidente patético.

Un líder no se improvisa. Se prepara a lo largo de una o varias vidas, las que sean necesarias, sobre todo para una sociedad tan compleja (como la nuestra) y una época tan desafiante (de inflexión). Aprende a enfocarse y no distraerse. Sabe que la cabeza debe estar perfectamente encajada sobre los hombros, pues desde ahí se gobiernan los órganos emocionales, que están abajo.

El problema es que la incompetencia tiene costos en la sociedad. Entre más elevada es la responsabilidad, más graves son las consecuencias. Las tareas incumplidas pasan factura. Perdimos el siglo XX y justo cuando empezamos a sacar las materias retrasadas caímos en esta incompetencia absoluta.

Jimmy Morales y sus aliados en el Congreso son para el desarrollo de Guatemala sus carreteras insufribles. Baches. Intransitables. Acá ya no se habla de desarrollo, educación, salud, empleo o inversiones. Salvo para quejarse que hace falta el aceite quemado de la coima. El monotemático Jimmy Morales se encerró en su propia jaula, desde donde exige el diez por ciento de alpiste a sus ministros y gerentes, al mismo tiempo que se lamenta de su infortunio.

Ya es tarde para las lamentaciones, y ya no hay tolerancia para los malos chistes. Este lugar merece –y debe forjarse– un buen destino. Vuelvo la mirada y encuentro a muchos jóvenes con ánimo de entregarse a su país. Son los hijos de la generación del miedo (nuestros hijos), que ya no tienen miedo, pero la piensan dos veces. Eso es bueno (y no). Se vale equivocarse y enmendar. Caer y levantarse. De eso se trata la vida y, por tanto, también la política. Solo hay que darse el tiempo para reflexionar con plena libertad.

Vienen días de prueba. Será el test de la templanza para la generación del relevo, que deberá ser la generación del cambio. Esta es una generación que se construye sobre valores. Sobre esa atalaya se pueden apreciar las ideologías y sobrevolarlas. Las ideologías son necesarias como rutas o guías que buscan un horizonte. No son jaulas para morir en ellas. La avaricia y el apego al pasado también son jaulas que atrapan a sus adherentes, lo cual sería su problema si acaso no quisieran atrapar en ella a la sociedad entera. En fin, hemos perdido muchas guerras, pero sospecho que no esta batalla. Especialmente con ese regimiento de juventud.

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