Miércoles 23 DE Mayo DE 2018
Opinión

La utopía en los tiempos del cólera

Retomar la utopía en los tiempos del cólera, no precisamente el de García Márquez, es imprescindible.

— Álvaro Véliz
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Recientemente tuve la oportunidad de presentar en la Alianza Francesa la exposición Utópolis-Distópolis, la Ciudad ideal del bien y la ciudad distópica del mal, basada en croquis, topogramas, dibujos y reflexiones, realizadas a través de los años, y como lo describía el guion museográfico, plasmaba reflexiones disidentes realizadas en el trance nocturno del insomnio y del ensueño y regularmente al margen de las horas laborales.

Se trata en términos generales, de retomar el género del desterrado utopismo, para visualizar un futuro ideal, sobreponerse a la inercia cotidiana, a la coyuntura política del momento, no dejarse avasallar por el pesimismo de las adversidades, no cegarse por el odio inmediatista, en fin, trastocar la utopía, no tanto como algo irrealizable, sino como la crítica a la sociedad del momento, mediante la construcción de una propuesta ideal.

Tomas Moro, relataba en el siglo XVI, la existencia un lugar imaginario, descubierto por el navegante portugués Hitlodeo, en sus viajes hacia América, al cual denominó la Isla de Utopía, en ella describe una sociedad justa, igualitaria y pacífica, basada en los principios cristiano humanísticos renacentistas de la época, inaugurando el género utópico, como una crítica a las injusticias sociales, económicas y políticas, que se desarrollaban en la Inglaterra de su tiempo bajo el reinado de Enrique VIII.

De manera contraria, ilustres pensadores, crearon las distopías, el anverso de la utopía, Dante Alighieri, sintetizó de manera genial, la decadencia y corrupción de los gobernantes del mundo medieval, construyendo un infierno imaginario, al que llamó, la Divina Comedia, un cono invertido hacia el fondo de la tierra, de círculos concéntricos, en los que se alojaban, nobles, obispos y reyes, según el pecado cometido, cuyos nombres pertenecían a personajes reales, que corrompieron el poder político y económico en la ciudad estado de Florencia de principios del siglo XIV.

Hoy nos encontramos en el borde de la distopía, somos Hunahpú e Ixbalanqué, en el cruce de cuatro caminos: un rojo, otro blanco, otro amarillo y otro negro, eligieron el camino negro, a un paso de ingresar a Xibalbá, al inframundo gobernado por las divinidades de la enfermedad, la muerte y los tormentos, se perciben claramente las tinieblas, los guatemaltecos vivimos tiempos profundos, transitamos por un momento crítico, en el cual se debate el bien y el mal, no es un asunto de políticos de una democracia degenerada, es un grave un asunto de nosotros y debemos estar a la altura de de la circunstancias, es el momento de definir el alma nacional.

Retomar la utopía en los tiempos del cólera, no precisamente el de García Márquez, es imprescindible, no nos dejemos engañar e intimidar, por falsas confrontaciones, por una falsa y anacrónica guerra fría y un estéril división religiosa, volvamos a la utopía constructiva, acordemos principios básicos: en este país, la ÉTICA subordina a la política, construyamos colectivamente bajo el principio del BIEN COMÚN, entendemos, que solo protegiendo el bien común, podremos salvaguardar la inefable libertad individual, pregonada fanáticamente por falsos dioses.

La historia nos demuestra que los guatemaltecos integrados en una voz común, hemos logrado llevar el poder de la utopía, en diferentes eventos históricos, en 1920, el Movimiento Unionista, venció la tiranía del “Señor Presidente”, Manuel Estrada Cabrera, con un frente amplio y plural, conformado por artesanos, maestros, obreros, estudiantes y empresarios progresistas. Ponce Vaides, es defenestrado en 1944, por una amplia alianza popular cívico militar. El movimiento ciudadano de la plaza 2015, se decantó en la elección presidencial, la población delegó su soberanía en el Ejecutivo y Congreso de la República, con unos contenidos muy claros, es el momento de rendir cuentas, solamente una sociedad unificada, será capaz de construir su propia utopía, en los tiempos del cólera.