Domingo 21 DE Octubre DE 2018
Opinión

El rincón de Casandra

Kompass de espera.

— Jacques Seidner
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A Casandra pocos le creen, tampoco lo hizo el Embajador sueco en Guatemala cuando se le advirtió en una publicación anterior, prudencia y que por el contrario se fue de la lengua al tener la peregrina idea de salir en público criticando aspectos de la corrupción que campea en Guatemala. Declaración fuera de contexto o no –ello no es el tema de esta columna– un embajador acreditado no tiene por qué hacer público su sentimiento personal a través de medios masivos de comunicación aunque tuviera razón y fuere esta el reflejo del pensamiento de su propio gobierno. Su misión, deber y obligación es transmitirlo por las vías adecuadas diplomáticas –todo se puede decir pero depende a quién y cómo–, y de ningún modo llevarlo a la plaza pública del país donde ejerce su misión, sobre todo siendo un tema sensible de política local.

Es sin duda el momento de recordarle al funcionario escandinavo a un notable diplomático francés de finales del siglo XIX que solía afirmar, medio en serio medio en broma, que no es indispensable ser inteligente para ejercer adecuadamente dicha profesión pero que por el contrario es imprescindible ser cortés y medido… El Embajador francés Berthelot era de reconocida inteligencia pero sin duda también un inveterado guasón. Y es evidente que existen otras cualidades –aparte de la cortesía– que surgen de la vocación misma de la diplomacia, tal como el sentido crítico, el sentido común, y cierto olfato que le permita juzgar con certeza las situaciones y sus actores, para transmitir la información oportuna a su Gobierno con exactitud, sin deformaciones ni florilegios. Además un diplomático deberá ser valiente para comunicarle con “discreción” al gobierno donde se halle acreditado “la verdad” sobre temas sensibles locales sin por ello ofenderle ni causarle contratiempos públicos. Pero aun en estas actividades y a pesar de su prudencia, es posible que el representante deba en ciertas ocasiones enfrentar el descontento de las autoridades de su residencia temporal. En tales casos le será conveniente mantener la sangre fría y recordar las instrucciones de Choiseul ministro del rey Luis XV, a sus embajadores: “El verdadero talento del diplomático es la verdad dicha con fuerza y convicción a su contra parte local, pero siempre con medida y elegancia”… y con el debido respeto a la población y autoridades que lo acogen, añadiría Casandra.

Esto último parece habérsele olvidado al embajador sueco y de ahí la actual situación incómoda en que ha puesto a los ministerios de ambos países amigos.

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