Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
Opinión

El síndrome de Estocolmo del mandatario rebota en Suecia

Es el caso del presidente Morales que sigue a pie juntillas la agenda de grupos que han cooptado su administración.

— Manfredo Marroquín
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El síndrome de Estocolmo es atribuido a las personas que estando sometidas y/o secuestradas, terminan identificándose con sus mismos victimarios, llegando incluso a hacer suyas las demandas y deseos de sus captores. Es el caso del presidente Morales que sigue a pie juntillas la agenda de grupos que han cooptado su administración, ahora incluyendo la política exterior, puesta al servicio de sus muy particulares intereses, ha emprendido una ofensiva literalmente suicida para el país que amenaza con aislarlo internacionalmente subordinando el interés nacional al interés personal de sus captores y de sí mismo.

En una nueva jugada condenada al fiasco, pero no sin antes poner en riesgo los intereses nacionales, el gobierno pide a los gobiernos de Suecia y Venezuela sustituir a los embajadores acreditados en nuestro país. En el caso de Suecia, la decisión es semejante a dar una puñalada por la espalda a un aliado y país amigo de muchos años, con contribuciones relevantes en varios procesos como en la reconstrucción posterremoto de 1976, la firma de los Acuerdos de Paz y más recientemente con aportes significativos para financiar a CICIG.

Por eso la primera valoración que se hace de tal medida en la mayoría de sectores es que se trata de una simple vendetta dada la obcecación que el presidente tiene con dicha Comisión al punto estar alineando toda la administración pública para satisfacer su sed de venganza contra todos aquellos que la apoyan.

Lo mismo se puede decir de la decisión de seguir los pasos de la administración Trump, en trasladar nuestra embajada en Israel a Jerusalén, con el único objetivo de llamar la atención y conseguir aliados en algunos estancos de poder en Washington, en su propósito de desprestigiar y cortar apoyo al funcionamiento de CICIG, pues tanto Estados Unidos como Suecia han sido los principales sostenes financieros de la misma.

Esta nueva ofensiva responde a la frustración del gobierno de no haber podido concretar la expulsión del comisionado Velásquez y que ahora intenta por otros medios “ahogar” a la Comisión vía el ataque a quienes le dan soporte político y económico. Sin embargo, cada intento naufraga y no pasa de meras victorias pírricas como la que produjo la Comisión Helsinki con la solicitud del senador Marco Rubio de congelar los fondos provenientes de Estados Unidos pero que rápidamente se está revirtiendo contra sus auspiciadores.

En cuanto a la apertura de nuestra embajada en Jerusalén en medio de un verdadero escándalo mundial por la represión contra palestinos que se manifestaron frente a la nueva embajada estadounidense el día de ayer, estamos destinados a figurar como un actor de segunda cuya política exterior se acerca cada vez más a la de una mal recordada Banana Republic.

Más patético es el espectáculo de hacerse acompañar de una numerosa comitiva de familiares, diputados, y funcionarios como si se tratase de un éxito de gobierno que está beneficiando o ayudando a resolver demandas de la población largamente desatendidas.

Sumido en su círculo de captores, el presidente eligió terminar su mandato como un soldado fiel de los grupos lastimados por la lucha anticorrupción asumiendo un guion que los mismos corruptos serían incapaces de dar la cara por él.

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