Miércoles 13 DE Noviembre DE 2019
Opinión

Mis saludos a Rousseau

J. R. tiene mucho que enseñarnos.

Fecha de publicación: 11-05-18
Por: Luis Figueroa

En la Biblioteca de J. C. del Valle, que guardamos en la Biblioteca von Mises, hay una colección de obras de J. J. Rousseau que –a diferencia de otros volúmenes– vino muy comida por polillas. Cuando algunos visitantes preguntan por las polillas, les digo que afortunadamente lo que se comieron fue a Rousseau.

Mi estimado F. A. Hayek puso a Rousseau en el canasto de los racionalistas; y –en su oportunidad– mi lectura parcial de J. J. R. fue a la luz de la lámpara que apuntaba hacia un Rousseau que es fuente del socialismo. Hayek es un grande del pensamiento; pero es posible que no le pusiera suficiente atención al francés. Luego de mi participación en el Seminario del socialismo de este semestre, organizado por el Centro de Estudio del Capitalismo, en la UFM, lo que yo sabía de Rousseau ha cambiado por lo que sé de él y me alegro. J. J. R. tiene mucho que enseñarnos al menos en “El contrato social”.

En estos tiempos de tensiones exacerbadas uno de mis párrafos favoritos dice: “Cuando el nudo social comienza a aflojarse y el Estado a debilitarse, cuando los intereses particulares empiezan a hacerse sentir y las pequeñas sociedades [facciones] a influir sobre la grande, el interés común se altera y encuentra oposición…la voluntad general [la de la protección de los derechos individuales] ya no es la voluntad de todos, se elevan contradicciones, debates, y …Cuando el Estado, próximo a su ruina, no subsiste sino por una fórmula ilusoria y vana, cuando el vínculo social se ha roto en todos los corazones, cuando el más vil interés se ampara descaradamente en el nombre sagrado del bien público, entonces la voluntad general enmudece, todos guiados por motivos secretos no opinan ya como ciudadanos, como si el Estado no hubiese existido jamás, y se hace pasar falsamente por leyes decretos inicuos, que no tienen por fin más que el interés particular
[privilegios]”.

Cuando en 2012 una funcionaria europea me sugirió unirme a la celebración de los 300 años de J. J. R. le dije que no veía la forma en que eso pudiera ocurrir. Si hoy me hiciera la propuesta quizás le diría que sí.

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